Capitulo 19

 

«¿M-mm... ah...»

Cuanto más insistente e implacable era la caricia de Lucifer, más gemidos lascivos escapaban de los labios de ella.

«¡No! ¡No quiero!»

Kamael jamás se habría imaginado ni en sus sueños que llegaría a emitir sonidos tan indecentes asemejándose a las hembras vulgares.

«Esto no soy yo. Yo no actúo así. Es solo que mi cuerpo se ha transformado de este modo...»

Kamael se esforzaba por negar la realidad. Tenía que explicárselo de ese modo; de lo contrario, le resultaba intolerable aceptar que estaba gimiendo de placer ante las caricias de un demonio.

—Me encantan, tus pezones están deliciosos.

Mientras lamía el pezón erguido de Kamael, Lucifer lo envolvió con su lengua resbaladiza y lo succionó con fuerza.

—¡Ngh!

Ante los labios de Lucifer succionando con brusquedad, a Kamael no le quedó más remedio que echar la cabeza hacia atrás. Un estímulo eléctrico e indescriptible lo abrumó por completo. Cada vez que Lucifer succionaba su pecho con la boca, un cosquilleo vertiginoso brotaba desde lo más hondo de su cadera. Su cuerpo entero se encendió de calor.

—Haah... Haah...

Por fin, cuando Lucifer apartó los labios de sus pechos, Kamael, con el rostro descompuesto por completo, jadeaba pesadamente mientras fulminaba con la mirada a Lucifer. Odiaba tanto al demonio por someterlo a semejantes actos depravados que no lo podía soportar.

—Tenía muchas ganas de hacer esto desde hace mucho. Siempre he fantaseado con mancharte.

—¿Qué?

—Siempre imaginaba en mi mente cómo te doblegaba y te poseía. No tienes idea el enorme placer que he sentido al imaginar cómo gemías bajo mi cuerpo

—Maldito demonio asqueroso...

—Para un demonio, que lo llamen asqueroso es un elogio. Acepto ese cumplido con mucho gusto.

Mientras decía eso, Lucifer acarició lentamente con las manos las piernas de Kamael, las cuales estaban abiertas de par en par. Acto seguido, se bajó los pantalones para mostrarle a Kamael su amenazante y rígida herramienta, la cual ya se encontraba completamente erecta.

—¿Ves esto? Lo voy a meter dentro de ti. Lo meteré bien profundo y te lo revolveré a fondo.

Un trozo de carne grueso y endurecido retorcía su aspecto amoratado mientras presumía ante Kamael. Al escuchar que semejante cosa se introduciría en su interior, el rostro de Kamael se tornó de un blanco pálido.

—Es... estás loco...

Ante el hecho de que Lucifer pretendía hacerle algo así, Kamael forcejeó con todas sus fuerzas, moviendo de un lado a otro los brazos y las piernas atadas. Sin embargo, aprisionado por unas cadenas que no cedían por más que lo intentara, no podía hacer absolutamente nada. Lucifer sonrió de lado al contemplar sus piernas abiertas de par en par.

—Muy pronto, esto de aquí se abrirá y terminarás chorreando.

Kamael no lograba comprender qué demonios significaba terminar chorreando. No obstante, intuía perfectamente que se trataba de algo obsceno.

—¡Ugh!

Lucifer rasgó de un solo tirón la ropa de ella que colgaba a la altura de la cintura. De este modo, su intimidad desprotegida quedó completamente al descubierto.

Kamael no pudo evitar sentirse aterrorizado ante lo que existía entre sus muslos. Un frondoso vello púbico se extendía y ondulaba en medio de sus piernas. Y oculto bajo aquel espeso follaje se hallaba un valle lascivo. Era el valle de una mujer.

—¡Haah...!

Cuando el dedo de Lucifer presionó con fuerza su sensible y hasta entonces inexplorado clítoris, ella sacudió las extremidades de sus muslos y estremeció el cuerpo entero.

—¡N-no, basta!

—¿Cómo que basta? Seguro que te encanta. Mira, ¿ves? ¡Si ya estás empezando a empaparte!

Mientras sonreía, Lucifer frotaba con esmero el clítoris de ella, y cuanto más lo hacía, más húmedo se volvía el espacio entre sus piernas. Cada vez que Lucifer movía la mano en su parte baja, unos ruidos húmedos y lascivos resonaban en los oídos de Kamael. Kamael no podía creerlo.

—¡No lo hagas! ¡Ah, no! ¡Basta...!

Cada vez que Lucifer frotaba con los dedos, su cintura se arqueaba hacia arriba. Aunque maldecía su lascivo cuerpo, que no podía evitar sentir placer por mucho que se esforzara, su cintura se arqueaba de forma natural cada vez que el clítoris era tocado.

Sin darse cuenta, los dedos de Lucifer ya estaban acariciando su orificio de arriba abajo. Al volver a presionar con la yema del dedo el protuberante y recóndito punto que le había provocado placer hacía un momento, de su boca brotaron sin cesar gemidos lascivos.

—Ah, a-ah... No... Haah...

Kamael se retorcía ante un placer tan extraño que jamás antes había experimentado. Cada vez que Lucifer frotaba su pequeño botón, un néctar obsceno brotaba de su interior, empapando sus muslos.

—Vaya, ha brotado tanto néctar pecaminoso que parece una inundación.

Lucifer soltó una risita divertida.

—No puede ser... ¡Ugh!

Aunque sacudió la cabeza para negar las palabras de Lucifer, Kamael también era consciente de que los fluidos corporales manaban sin parar de su organismo. La tierra bajo sus piernas abiertas quedó completamente empapada por los jugos que ella misma derramaba. Al percatarse de que el fluido resbalaba con tanta viscosidad que la mano de Lucifer no lograba contenerlo y terminaba manchando la tierra del suelo, Kamael cerró los ojos con fuerza, consumido por la vergüenza.

—Para. Te lo ruego, detente...

El orgullo de Kamael jamás le habría permitido suplicarle algo a Lucifer. Sin embargo, aquel no era el momento de aferrarse al orgullo. Tenía que frenar esa humillación a toda costa.

—¿De verdad? Pero si esta parte tuya me está pidiendo que siga un poco más, que la toque más.

Mientras Lucifer sonreía con picardía y frotaba el sensible punto de Kamael, este sacudía la cabeza con la respiración entrecortada. Apenas adoptado el cuerpo de una mujer, su propio organismo se sentía tan extraño al dejarse acariciar por Lucifer y disfrutar de aquella manera, que Kamael se mordía los labios. No obstante, cada vez que los dedos de Lucifer tocaban y friccionaban su intimidad, unos sonidos tan lascivos escapaban irremediablemente de su boca.

—¡Ngh!

Los ojos cerrados con fuerza de Kamael se abrieron de par en par. Los dedos de Lucifer habían alcanzado la entrada de su fuente de néctar, la cual rebosaba de fluidos.

—¡No, no lo hagas!

Kamael gritó aterrorizado ante la perspectiva de ser penetrado en ese instante. Escuchando los gritos que rozaban la súplica, Lucifer se limitó a acariciar pausadamente la entrada de su fuente. Unos momentos después, los dedos de Lucifer, que rondaban la abertura insinuando una posible inserción, se deslizaron por fin hacia el interior de Kamael.

—¡Ah...! ¡No!

Aunque se trataba tan solo de unos dedos, al sentir que un cuerpo extraño penetraba su parte baja, Kamael sacudió la cabeza y gritó. Los dedos de un demonio se encontraban dentro de su cuerpo. Incapaz de borrar la sensación de suciedad con solo pensarlo, las pupilas de Kamael se dilataron por la desesperación. Los dedos de Lucifer, al adentrarse en su interior, comenzaron a alternar movimientos de entrada y salida.

—¡Ugh! ¡Ngh!

Mientras el índice de la mano izquierda frotaba el sensible botón y los dedos índice y medio de la mano derecha se hundían y retiraban con fuerza una y otra vez en su interior, un chorro de fluidos brotó a borbotones de su cavidad. En total contradicción con el rostro pálido de Kamael, las paredes de su interior succionaban los dedos de Lucifer como si rogaran por una penetración más profunda.

Abrumado por un cuerpo indomable e incapaz de encontrar una solución, lo único que hacía Kamael era jadear mientras el calor envolvía todo su cuerpo. A pesar de que sus pezones turgentes ya no estaban recibiendo contacto directo, se mantenían firmemente erguidos.

—¿Sabes que me aprietas muchísimo? ¿Quieres que lleguemos al clímax así? ¿Eh?

Kamael no entendia qué significaba el clímax, pero por el tono de voz de Lucifer intuía perfectamente que no era nada bueno. Los movimientos de los dedos de Lucifer, que penetraban su interior, se volvían cada vez más veloces.

—Ugh, no... Te digo que pares... Ngh.

—Vamos, relájate. Muéstrame cómo te vienes de esta forma tan lasciva.

Mientras Lucifer, con los ojos brillantes de lujuria, la provocaba hasta hacer que su interior se volviera aún más húmedo, Kamael sintió cómo un placer indescriptible se apoderaba de todo su cuerpo, a pesar de tener las manos y las piernas atadas. Un destello blanco como la nieve brilló en su mente.

—¡Aaaaaah! ¡No quiero! ¡Ah...!

Al ser asaltado por una intensidad de placer jamás sentida, arqueó la espalda hacia atrás mientras estremecía la cadera. Cada vez que Kamael sacudía la cintura, Lucifer penetraba su abertura.

—Haah, haah...

En cuanto los dedos de Lucifer abandonaron su orificio, un torrente de agua caliente brotó a borbotones desde el fondo de su cavidad. Ante aquel líquido hirviente que fluía con tanta abundancia como si estuviera orinando, Lucifer sonrió, colocando en media luna el contorno de sus ojos con diversión.

—Haah... Haah...

Kamael tenía el rostro desfigurado mientras exhalaba respiraciones calientes con los labios abiertos. Jamás se habría imaginado que experimentaría un placer de semejantes proporciones. ¿Acaso todas las mujeres humanas vivían experimentando esta clase de éxtasis? ¿Era esa la razón por la cual los ángeles de categoría inferior se filtraban a escondidas en el bosque neutral para entregar sus cuerpos a los demonios? ¿Atrapados por la adicción a este placer?

—Tenías una expresión verdaderamente obscena.

Cuando Kamael recuperó el sentido, el rostro de Lucifer se encontraba peligrosamente cerca del suyo. Antes de que Kamael lograra articular palabra alguna, los labios de Lucifer devoraron los suyos. Ante el imprevisto, Lucifer la besó con ferocidad, como si pretendiera tragarse esos labios rígidos. Con una intensidad que le impedía respirar, Kamael quedó completamente desorientado. La lengua de Lucifer envolvió la suya a la fuerza y la succionó con lascivia.

—Ngh... Mm...

Cada vez que aquella lengua áspera envolvía la suya y la succionaba a placer, la columna de Kamael se estremecía y sus alas aleteaban. No había lugar al que escapar de aquellos labios. El sujeto que le propinaba semejantes besos era un traidor y un demonio inmundo, pero cada vez que sus lenguas se entrelazaban, el cuerpo de Kamael se veía inundado por una dicha capaz de derretirlo.

Mientras se entregaba por completo a la sensación de ver sus lenguas enredadas y succionadas, un sonido sordo resonó en los oídos de Kamael. Acto seguido, Lucifer separó los labios.

—Este es nuestro primer beso, Kamael.

Ante el susurro de Lucifer, que mantenía su rostro pegado al suyo, el semblante de Kamael se encendió de inmediato. Tras observarlo con una sonrisa traviesa, Lucifer se arrodilló entre sus piernas. Y contempló aquella zona suya que continuaba abierta y goteando líquido caliente.

—M... No mires. Te digo que no mires...

Bajo la mirada cargada de deseo con la que Lucifer examinaba su intimidad, Kamael sintió vergüenza y se retorció, pero resultó inútil. Las cadenas que lo aprisionaban dejaban su resistencia reducida a nada.

—Este es un lugar secreto que solo yo conozco. Un dulce y lascivo lugar que nadie más ha tocado ni probado jamás...

Tras acariciar despacio su intimidad con un dedo, Lucifer llevó a los labios aquella zona de Kamael que se encontraba calientemente humedecida.

—¡No...!

Ante la cálida exhalación que rozó su sexo, Kamael se estremeció de pies a cabeza y gritó.

—¿Qué no te gusta? ¿Acaso no te encanta esto?

Lucifer recogió con los dedos el flujo que brotaba de su abertura y, al acariciar su clítoris con la yema resbaladiza de un dedo, una estimulación electrizante recorrió su cuerpo y su cintura se retorció.

—Te gusta esto, ¿verdad? Con solo tocarte un poco, ya te desborda la miel, ¿no?

—¡No!

—Mientes. Si estás excitada hasta la locura.

Por más que gritara que no lo soportaba, Lucifer no se detuvo. Frotando con esmero el pequeño brote expuesto, introdujo de un solo golpe dos dedos en el interior de su orificio húmedo.

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@Baut

Traducir es mi forma de leer dos veces. Leer es mi forma de vivir mil vidas.

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