Capitulo 25. Final

Lucifer jadeaba agitadamente mientras Kamael movía su rostro con prisa de arriba abajo. Al envolver su miembro con saliva espesa y deslizarlo de arriba abajo por el interior de su boca caliente y tersa, Lucifer sacudió la cadera presa de un placer feroz. Su órgano, abrigado en la cavidad bucal de Kamael, se hinchaba con un calor febril y palpitaba como si estuviera a punto de derramarse en cualquier instante.

—¡Mmh...!

Las manos de Lucifer se alzaron para sostener por debajo los voluptuosos pechos de Kamael. Los pezones sobresalen de inmediato entre los dedos de Lucifer, quien los aprisionaba con firmeza.

—¡Mmm, mmh!

Lucifer apresó sus pezones entre los dedos, retorciéndolos y amasándolos como si estuviera exprimiendo leche. Al compás de las caricias que Lucifer prodigaba en sus pechos, Kamael se retorcía sin soltar el miembro de él de su boca. No obstante, Lucifer no parecía tener la menor intención de detener las manos con las que martirizaba obscenamente sus pezones.

—¡Mmh...!

El rostro de Kamael se contrajo. Por fin, Lucifer se había corrido dentro de su boca.

—¡Cof, cof!

Tras escupir el miembro de Lucifer, Kamael tosió con dolor. De su boca, mientras tosía, comenzó a chorrear un hilo de semen espeso.

—¡Uf!

Lucibel empujó a Kamiel, que estaba a punto de vomitarlo todo por la sensación nauseabunda, hasta tumbarla en la cama y volvió a montarse encima de ella.

—¿Qué haces? ¡Te lo hice con la boca, así que por qué otra vez...!

Al ver a Lucifer subir de nuevo a su cuerpo cuando ella acababa de hacerle exactamente lo que le había pedido, Kamael lo miró con los ojos abiertos de par en par a causa del asombro.

—Yo dejé muy claro que iban a ser decenas de veces. Como recién vamos por la primera, todavía te queda muchísimo. ¿O prefieres que sigamos con la boca? ¿Decenas de veces más?

Inclinado sobre ella, Lucifer soltó una risa lasciva. Sujetando los muslos voluptuosos de Kamael, Lucifer levantó sus caderas. Y acto seguido, frotó la punta de su miembro, bañado en saliva, justo contra la entrada de su agujero empapado.

—¡No... ¡Ngh...! ¡Ah, ah!

Por mucho que se resistiera con la voz, Lucifer no iba a detenerse. Lucifer penetró con brusquedad el húmedo y ardiente orificio de Kamael con su firme miembro.

—¡Ugh!

—Grita todo lo que quieras. Aquí no hay nadie.

Sonriente, Lucifer comenzó a remover su interior entre las paredes apretadas que se contraían con furor.

—¡Haah! ¡Aaaaah!

Kamiel gimió mientras sus grandes pechos se balanceaban.

—¡Sácalo! ¡Te digo que lo saques!

A pesar de sus palabras, el húmedo orificio de Kamiel succionaba lascivamente el miembro de Lucifer.

—¡Ngh... Qué delicioso, está tan caliente que siento que me voy a derretir, ah, ugh...!

Lucifer dejó escapar un gemido de placer mientras agitaba su miembro dentro de Kamael. Cuando su miembro ardiente penetró hasta lo más profundo, los dedos de los pies de Kamael, que se balanceaban en el aire, se encogieron.

—¡Haaaaah! ¡Aaaah!

Excitado por los gemidos lascivos de Kamael, cuyos pechos se balanceaban al ritmo de sus movimientos, Lucifer giró la cintura y hundió su miembro en él.

—¡Aaaah! ¡Lucifer! ¡Aaaah!

El cuerpo de Kamael, ardiente y enrojecido, se retorcía sobre el suelo de tierra. Aquella imagen lasciva hizo que todo el cuerpo de Lucifer ardiera aún más. Parecía que, en ese momento, Kamael aceptaría cualquier cosa que le hicieran. Kamael estaba tan embriagada por el placer lascivo que no dejaba de gemir.

Cada vez con más intensidad y brusquedad, Lucifer llenó por completo el interior de Kamael y lo frotó sin piedad. El cuerpo de Kamael se sacudía impotente ante los movimientos violentos de Lucifer, que atravesaba con su miembro la mucosa contráctil. Entre el sonido de los golpes, una y otra vez brotaba una miel espumosa del orificio por el cual el miembro de Lucifer se movía de un lado a otro.

—¡Ah, ah! ¡Lucifer...! ¡Aaaah!

Lucifer embistió con fuerza a Kamael, que se retorcía.

—¡Haah! ¡Ah, ah, aaaaah!

Sacudiéndose de pies a cabeza entre gemidos, Lucifer alcanzó el clímax en lo más profundo de su ser, eyaculando con fuerza dentro de ella.

—¡Aaaaaaaaaah!

Lucifer sujeto la cintura de Kamael, que exhalaba con fuerza al sentir cómo se extendía el calor.

—Eres tan lasciva que mi miembro no tiene la menor intención de venirse abajo.

—¿Qué?

Sintiendo cómo su miembro volvía a engrosarse apenas un instante después de haberse corrido, Kamael lo miró con absoluta consternación.

—Te dije que serían decenas de veces. Decenas. ¿Acaso no sabes contar?

Con una sonrisa en los labios, Lucifer dio la vuelta al cuerpo de Kamael.

—¡Haah!

Sosteniéndose boca abajo con las caderas elevadas, el cuerpo de Kamael comenzó a sacudirse. Abrazándola por la espalda, Lucifer volvió a penetrarla con fuerza. Sujetando con las manos sus caderas llenas de excitación, Lucifer enterró el rostro en las alas de color azul marino que lo habían cautivado desde el primer momento. Mientras devoraba las plumas de aquellas alas con los labios, Lucifer reanudó el ritmo de sus caderas.

—¡Haah! ¡Aaaah!

Sintiéndose succionada de las alas mientras era penetrada desde atrás, Kamael dejaba escapar respiraciones entrecortadas. La lujuria desatada de Lucifer la estaba devorando por completo.

***

 —Señor Kamael, ¿A dónde se dirige?

Un ángel se acercó con una sonrisa radiante para saludarla.

 —Voy un momento a la zona neutral...

 —¿Otra vez a visitar a Muriel? Qué considerado es usted, Señor Kamael.

***

Entre los habitantes del cielo corría como la pólvora el rumor de que Kamael sentía una debilidad especial hacia la antigua bibliotecaria, Muriel. Por tal motivo, había apoyado la creación de una zona neutral pensada expresamente para proteger a Muriel de las sanciones que le correspondían por haberse enredado con un demonio, y todavía hoy, cada dos días, acudía religiosamente a visitarla para cerciorarse de que se encontraba bien.

Muriel, acreedora de ese afecto tan singular por parte de Kamael, era objeto de envidia por la inmensa mayoría de los ángeles. ¿Acaso no se le había permitido amar a un demonio sin perder sus prerrogativas celestiales, y por si fuera poco, no recibía también el amor de Kamael? Naturalmente, aquella hermosa criatura de ojos violetas reunía méritos de sobra para ser considerada la encarnación misma de la belleza celestial; sin embargo, era inevitable que en la voz de las angelicales criaturas que pronunciaban su nombre se colaran, junto a la admiración, briznas de celos.

Aun así, ellos jamás lo imaginarían.

No sabían cuál era el verdadero motivo por el que Kamael acudía a la zona neutral cada dos días sin falta.

—¿Otra vez de picnic?

Sakia miraba a Muriel con un gesto de harto fastidio. Era comprensible que se sintiera así cuando le tocaba empaquetarlo todo para salir de excursión cada dos días.

 —Pero ¿qué le vamos a hacer? Han venido visitas...

Los días en que se presentaban aquellos inoportunos huéspedes no les quedaba más remedio que abandonar la casa. El inconveniente radica en que tales visitas se presentaban con la puntualidad de un reloj cada dos días. Y tan pronto ponían un pie ahí, se adueñaban del hogar hasta altas horas de la noche, obligando a los legítimos dueños, Sakia y Muriel, a cargar con una simple cesta de picnic y vagar sin rumbo por los bosques y praderas.

—De verdad que Lucifer... Podría haberse construido una casa propia en lugar de hacer esto.

—Si hicieran algo así, los descubrirán fácilmente. Y eso sería un problema.

Al escucharla, Sakia pensó que Muriel poseía un alma verdaderamente bondadosa. Por más que le diera vueltas al asunto, estaba convencido de que jamás volvería a existir un ángel dotado de semejante dulzura y nobleza de corazón.

Tampoco habría otra criatura tan hermosa.

Este ángel era precisamente su amada.

—¿Y si nos construimos una residencia de verano nosotros también?

Ante las palabras de Sakia, los ojos de Muriel brillaron con ilusión.

—¿Una residencia?

—No podemos ir al bosque todos los días. Alguien podría terminar espiandonos por ahí...

—Una residencia... Qué maravilloso sería...

Tras envolver con afecto entre sus brazos a Muriel, cuyos ojos reflejaban una profunda admiración al mencionar la palabra "residencia", Sakia alzó el vuelo lentamente. La casa de campo quedaría para más adelante; lo apremiante por ahora era desatar el contenido de la cesta en un rincón apartado del bosque y entregarse a susurrarse promesas de amor.

Nadie podía predecir cómo cambiarían las circunstancias una vez que el bebé naciera. Quizá las exigencias de la crianza les impidieran entregarse al amor como debían. De modo que era imperativo amarse con toda el alma, una y otra vez, antes de que el nuevo miembro de la familia viniera al mundo. Aunque le indignaba que aquellos huéspedes tan sospechosos interrumpieran sus planes, en situaciones de urgencia no quedaba más remedio que improvisar y entregarse a la pasión en medio del bosque.

A sus espaldas, tras la partida de ambos volando hacia la espesura, solo quedó la casa con puertas cerradas.

***

—¡Mmh...!

Entre los muslos níveos de Kamael escapó un suspiro cargado de ardor.

 —¡Ah, ngh...!

Kamael gimió haciendo fuerza en la cintura. Lucifer, quien tenía el rostro enterrado entre sus piernas, sujetaba los pliegues húmedos con los labios y los devoraba.

—Ah... ¡Mmh...!

Kamael retorció la cintura y respiró con dificultad. Aunque solo le había rozado ligeramente con la lengua, ya estaba sintiendo placer. Las caricias de Lucifer ya habían hecho que de su íntima entrada brotara un líquido lujurioso. Cada vez que la lengua ardiente de Lucifer recorría minuciosamente su entrepierna, Kamael se retorcía y gemía. Lucifer ya sabía a la perfección qué zonas debía acariciar para que Kamael sintiera más placer.

—Ah, ah... Ahí no...

Al morder con los labios su pequeño y encendido botón de placer y juguetear con la lengua, el cuerpo de Kamael se sacudió de forma caótica tal como él había anticipado. Su entrada, sobradamente preparada para recibir a Lucifer, palpitaba húmeda y abierta de par en par. Ignorando aquella abertura rojiza que parecía suplicarle que penetrara en ella sin demora, Lucifer se dedicó a chupar su sexo con rapidez.

No tenía la menor intención de facilitarle las cosas dejándose entrar tan deprisa. Kamael ignoraba lo divertido que resultaba hacerla sufrir en la espera. ¿Acaso los ángeles no se caracterizaban por ser tan inocentes como altivos? Sintiéndo un gran placer por el éxtasis de ser el único demonio capaz de martirizar a un ángel tan lascivo, hermoso y fuerte a la vez, Lucifer devoraba su sexo con esmero. Los jugos que escurrían hacia el interior de su boca la llenaban con un dulzor semejante al de la miel.

 —Si me dices que me amas, te lo meteré.

Susurró Lucifer con picardía entre las piernas de ella.

—¡M-maldito...!

Kamael intentó incorporarse con voz enfadada, pero las caricias de Lucifer, que seguía chupando su agujero sin parar, le provocó perder las fuerzas y acabó desplomándose en el suelo.

—Qué terca eres, de verdad...

Pensando que esa vez tampoco lo lograría, Lucifer trepó despacio sobre su cuerpo.

Pero aún queda mucho tiempo. Con la firme convicción de que algún día lograría arrancarle una declaración de amor de esos labios obstinados, Lucifer abrió de par en par las piernas de ella. El rostro de Kamael, que miraba hacia arriba mientras Lucifer se introducía en su interior con las piernas bien abiertas, estaba lleno de éxtasis.

Esas pupilas encendidas ya estaban respondiendo a la pregunta de Lucifer, pero ¿acaso no sabía perfectamente que lo que realmente quiero es escucharlo de sus propios labios?

Porque una declaración de amor auténtica debía pronunciarse con la voz.

De este modo, fracasando una vez más en su intento de arrancarle un “Te amo”, Lucifer revolvió el interior de Kamael con su ardiente cuerpo. Los fluidos que brotaban de sus partes íntimas entrelazadas empapaban las sábanas de la cama, pero los dueños de esa cama eran Muriel y Sakia. Al final, fueron ellos  quienes tuvieron que limpiar las sábanas manchadas..

Estos invitados descorteses no se preocupaban en absoluto por eso y seguían absortos en su acto ardiente y lascivo.

« Fin. »

🍓 ¡Muchísimas gracias por acompañarnos en esta lectura! Espero que hayan disfrutado cada momento de este viaje.

Con mucho cariño, Nik.
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@Baut

Traducir es mi forma de leer dos veces. Leer es mi forma de vivir mil vidas.

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