El fin de semana siguiente, Eunseol llevó a Liseol a la casa de Bongcheol, que permanecía vacía tras su fallecimiento. El jardín, rodeado de pinos, lucía impecable, con el césped recién cortado. Era como si el tiempo se hubiera detenido allí, era exactamente como Eunseol lo recordaba. Todo esto era gracias a Jeonghyeok, quien había contratado a alguien para su mantenimiento.
Eunseol y Liseol se sentaron en la glorieta y comieron helado de melón, que solía ser el favorito de Bongcheol. Bajo el cálido sol, el helado se derritió rápidamente. Eunseol le limpió la mano pegajosa a Liseol y le preguntó con una sonrisa: —¿Está rico?.Liseol le hizo un gesto de aprobación a su madre. Eunseol se rió y preguntó en voz baja: —¿Qué te parece tener un hermanito o una hermanita, Liseol?.
—No quiero.
Ante una respuesta inesperada, Eunseol preguntó con curiosidad: —¿Por qué no?.
—¡Mamá y papá son míos! No quiero compartirlos.
Fue sorprendente que a una niña tan pequeña se le ocurriera esa idea. Eunseol se preguntó si Liseol había escuchado hablar de que iba a tener un hermanito o hermanita.
—Bueno, pero aunque tengas un hermanito o una hermanita, siempre serás la número uno para mamá y papá, Liseol, respondió Eunseol.
—¿En verdad?
—Por supuesto.
Liseol pareció reflexionar. Aún era muy pequeña, pero era una niña inusualmente reflexiva. Intentando convencer a su hija, Eunseol continuó: —Y esto significa que tendrás una mejor amiga, Liseol. Podrán comer comida rica y jugar con juguetes divertidos juntas. Todo será mejor y más feliz.
—¿Un amigo?
—Sí, un amigo.
—¿Juntas? ¿Así está mejor?, preguntó Liseol.
—¡Claro que sí! Te gusta tener a papá, a la tía y a la abuela juntos, ¿verdad? ¡Es más divertido cuando hay más familia!
Liseol asintió con la cabeza. —Estar juntos es agradable.
—Es así. Estar juntos nos hace más felices, así que tener un hermanito o una hermanita será algo bueno. Seremos una familia.
—Una familia… — Murmuró Liseol como si estuviera esforzándose por recordar la palabra.
—Mami.
—¿Sí? —Eunseol miró a su hija con cariño.
Liseol, que tenía rasgos tan delicados y hermosos, sonrió ampliamente y anunció: —¡Voy a comprarle leche al bebé! Los bebés tienen que tomar mucha leche y dormir mucho también.
Liseol cerró los ojos y fingió dormirse. Al ver a su hija tan adorable, Eunseol soltó una carcajada. Justo en ese momento, sonó su teléfono.
—¿Me disculpas, Liseol? —le preguntó Eunseol a su hija antes de contestar el teléfono. Estaban pasando el día juntas, y quería que Liseol supiera que respetaba el tiempo que compartían.
Liseol asintió con la cabeza, comprendiendo. Bajó del cenador y Eunseol supuso que iba a perseguir a las mariposas de nuevo.
—¿Sí, Seulgi?. —Respondió Eunseol al teléfono sin apartar la vista de Liseol.
Seulgi preguntó: —¿Ya se lo dijiste a mi hermano?
Seulgi no tuvo que explicarle a Eunseol de qué hablaba. Sintiendo inquietud, Eunseol respondió: —...Todavía no.
Seulgi murmuró algo antes de colgar. Eunseol miró al cielo por un instante, disfrutando del brillante día otoñal. Una vez más, se dio cuenta de lo rápido que pasa el tiempo.
***
—Seol —Eunseol le dio un suave codazo a Liseol. —Si dormía demasiado, le costaría conciliar el sueño por la noche.
Eunseol sugirió: —¿Salimos a observar las hormigas?
—¿Hormigas…? —Liseol sonaba adormilada, y Eunseol la abrazó con fuerza. Frotándose los ojos, Liseol respondió: —Sí, hormigas.
Madre e hija regresaron al jardín. Pasaron varios minutos y apareció Jeonghyeok, impecablemente vestido con su traje. En cuanto Liseol vio a su padre, abrió los brazos y corrió hacia él.
—¡Papá!
Jeonghyeok tomó a su hija en brazos y le regaló una flor de gerbera de color naranja brillante.
—¿Qué es? ¿Qué es? ¿Qué es? —Liseol agitó los pies con emoción.
—Felicidades, hija —Dijo Jeonghyeok.
—¿Por qué? ¿Por qué?
—Porque vas a ser hermana mayor.
—¡Cariño…! —Los ojos de Eunseol se abrieron de par en par con sorpresa mientras se acercaba a su marido.
Jeonghyeok la miró con cariño, y Eunseol murmuró: —Quería decirte...
Cuando Eunseol pareció dudar, Jeonghyeok la abrazó con fuerza con el brazo que tenía libre. Se disculpó: —Siento haberte hecho sentir incómoda.
Su breve disculpa tenía muchos significados. Eunseol se emocionó al darse cuenta de que, en efecto, se había sentido incómoda con su embarazo. Recordó lo traumatizado que quedó Jeonghyeok con su primer parto. También le costó mucho esfuerzo acercarse a Liseol.
Eunseol estaba preocupada por cómo reaccionaría su marido ante su segundo embarazo. Casi inmediatamente después del nacimiento de Liseol, él le rogó que no tuvieran otro bebé. También anunció esta decisión a la familia y se sometió a una vasectomía. Jeonghyeok se mostró tan firme que Eunseol no pudo decirle que estaba embarazada de nuevo.
Ella también se sentía culpable porque estaba eufórica por su embarazo. Por eso Eunseol había estado esperando el momento oportuno para contárselo. Al parecer, Seulgi se frustró y terminó diciéndole la verdad a Jeonghyeok.
Jeonghyeok prometió: —Seré más valiente para nuestro próximo bebé.
Eunseol asintió en silencio, aliviada.
—Gracias —añadió Jeongnhyeok.
Eunseol estaba a punto de decirle que no tenía por qué darle las gracias cuando Liseol empezó a quejarse. Se estaba aburriendo, así que él la bajó suavemente al suelo.
Arrodillándose sobre una rodilla, Jeonghyeok se puso a la altura de los ojos de Liseol y sugirió:
—¿Por qué no plantamos esta flor en el jardín?
—¿Planta?
—Al abuelo le gustará. —Dijo Jeonghyeok.
Liseol negó con la cabeza violentamente y exclamó: —¡El abuelo grita! ¡Grita todos los días!.
Liseol se refería a Ilseong, quien la regaña a menudo por corretear por la casa. Ilseong adoraba a su bisnieta, pero no dudaba en reprenderla por hacer ruido. Nunca fue cruel con ella, pero como era el único que la regañaba, no era de extrañar que Liseol intentará evitarlo a toda costa.
Cuando Liseol hizo un puchero adorable, Jeonghyeok sonrió. Explicó: —No, me refiero al abuelo de mamá que vivía aquí.
Señaló al cielo y continuó: —Está justo ahí. Te va a observar mientras plantas esta flor en su jardín.
—¿M…me observa?
—Sí, y eso le hará muy feliz.
—¿Y la mamá y el papá de mamá también?
Liseol hablaba de los padres de Eunseol, y Eunseol se sintió conmovida. Era evidente que Liseol sabía que su madre no tenía familia propia.
Jeonghyeok respondió: —Sí, mamá y también papá.
Liseol pensó detenidamente por un momento antes de gritar: —...¡De acuerdo!
Parecía decidida mientras corría hacia el árbol en medio del jardín. Liseol se sentó cerca de donde había dejado el kit para construir castillos de arena. Ese mismo día, había estado usando esos juguetes para construirles un nuevo hogar a las hormigas.
Eunseol y Jeonghyeok se sentaron en el cenador. Eunseol ofreció: —¿Quieren un poco de té?
—Sí, pero quédate aquí.—Jeonghyeok le dio una palmadita en el hombro y entró.
Cuando tenían varios días libres seguidos, les gustaba visitar Hill House. Pero en un fin de semana normal como este, solían pasar el día en casa de Bongcheol. A excepción de la antigua habitación de Eunseol, donde se colocaron una cama más grande y un proyector, el resto de la casa se mantenía igual que antes.
En verano, Liseol disfrutaba jugando en la piscina infantil del jardín. En invierno, asaban batatas al aire libre. El vecindario tenía vallas bonitas, así que a la familia le gustaba dar largos paseos tranquilos. Después de que Liseol se acostaba, Jeonghyeok y Eunseol disfrutaban de una película nocturna y de vez en cuando, de una copa de vino.
Algunos días, Eunseol llevaba a Liseol a la biblioteca cercana, tal como solía hacerlo Bongcheol. Eunseol rememoró su feliz infancia cuando Jeonghyeok regresó con un juego para la ceremonia del té.
—Hace un día precioso, así que pensé que podría prepararte un buen té. —Explicó.
Eunseol observó cómo las manos de su marido se movían con delicadeza. Tras colocar la olla y las tazas en posición vertical, cogió la tetera con un paño de cocina y vertió el agua caliente en la olla.
—Por favor, que esté delicioso —pidió Eunseol.
—Como desees —sonrió Jeonghyeok. Tras calentar las tazas, comenzó a infusionar las hojas de té en la tetera. Pronto, las hojas se desplegaron formando pétalos de flores, revelando un hermoso y sutil color en el té.
Jeonghyeok le entregó una taza a Eunseol y murmuró: —Se supone que esto es bueno para ti cuando estás embarazada.
—Este aroma… ¿Es té de omija?
Él asintió. Parecía que su esposo había preparado el té con antelación para que pudieran tomarlo juntos. Eunseol recordó una vez más lo atento que era Jeonghyeok.
—Gracias.
Jeonghyeok asintió en silencio. El matrimonio sostenía sus tazas y miraba al frente. La niña pequeña, con el pelo corto y un vestido amarillo, les daba la espalda. Liseol estaba ocupada cavando la tierra con su pala de juguete roja y su rastrillo azul. Incluso desde atrás, se notaba que trabajaba con mucho empeño.
Jeonghyeok soltó una risita mientras Eunseol se quedaba pensativa. El atardecer la abrazaba con ternura, y eso le provocó a Eunseol una extraña añoranza. Se preguntó si su abuelo y su padre solían verla así.
Se puso a llorar y lo atribuyó a sus hormonas. Como si Jeonghyeok adivinara cómo se sentía, le tomó la mano con ternura. Con los ojos enrojecidos, Eunseol miró a su esposo.
—Llorón —bromeó Jeonghyeok.
—Lo siento —dijo Eunseol, disculpándose por haberlo preocupado. Sin decir nada, Jeonghyeok le besó la frente con cariño.
El matrimonio volvió a observar a Liseol, disfrutando de la tranquila velada. Soñando con el futuro, Eunseol apoyó la cabeza en el hombro de su esposo. Su cálido abrazo la hacía sentir segura, y el dulce aroma del té de omija le reconfortaba el corazón.
De repente, una refrescante brisa otoñal sopló en su dirección. Eunseol alzó la vista hacia el cielo, que se teñía de un rosa brillante al ponerse el sol. Entre las nubes danzantes, vio algo que brillaba.
Era una estrella, y verla la conmovió profundamente. Al saludarla mentalmente, sintió que brillaba aún más. A Eunseol le gustaba pensar que no estaban solos en esa casa y que su abuelo y sus padres los cuidan desde arriba.
Eunseol hundió su rostro en el pecho de Jeonghyeok. Jeonghyeok, a su vez, le acarició la espalda con ternura.
—Te amo, Seol. —les confesó su amor a las dos chicas que lo completaban. En lugar de responderle, Eunseol abrazó a su esposo con más fuerza. En sus brazos, lloró un rato antes de sonreír.
Fue otro día precioso, y ella sabía que vendrían muchos más.
Tags
El rol de esposo
