—…¿Cuánto esperas de compensación, princesa?
—Lo justo para no sentirse menospreciado, teniendo en cuenta mis habilidades.
—Entonces, ¿te gustaría acompañarme un rato?
Sir. Gómez me condujo a su despacho. Me senté en el escritorio junto a la ventana y le entregué la traducción al idioma imperial de una parte del libro de Setaviano que él me había entregado. Para mi nivel, era un libro normal que no requería diccionario. Al leer mi trabajo, chasqueo su lengua con asombro.
—¿Qué le parecen 25 monedas de plata por página? Le daré 5 monedas más que a un traductor real de nivel medio.
—Lo siento, pero no puedo aceptar menos de 30 monedas de plata.
Enderecé la espalda y me enfrenté a la negociación con valentía. Estaba un poco nerviosa, pero me esforcé por no demostrarlo.
Al pensar que era yo quien fijaba el valor de mi trabajo, no me apetecía dar marcha atrás.
El Sir. Gómez parecía estar dudando, pero enseguida asintió.
En mi interior sentí un profundo alivio. No había podido superar los poderes de Joanna hasta el final, el tiempo que había luchado desesperadamente por alcanzarla había merecido la pena.
***
A partir de ese día, empecé a ir todos los días a la biblioteca del palacio imperial.
Dado mi condición de princesa, no podía trabajar mezclada entre los traductores, así que utilizaba el despacho del señor Gómez en solitario.
Al caer la noche, me reunía con el señor Gómez para liquidar mi salario diario. No había nada de qué preocuparse. Como jefe de biblioteca, no le interesaba nada más que los manuscritos que yo le entregaba.
Cuando me sentía agobiada, trabajaba en el pequeño pabellón de apoyo de la biblioteca. Había mesas y sillas de madera al aire libre y al estar abierto por los cuatro costados, ventilaba muy bien. También se escuchaba bien el canto de los pájaros
Polka, el gorrión, siempre se revoloteaba en el pabellón cuando se aburría.
[«Josefin es una auténtica ratón de biblioteca. ¿No solo lee libros, sino que ahora hasta los hace? ¡Ya estoy harto, harto!]
Polka no paraba de saltar por la mesa mientras se quejaba sin cesar. Al ir reuniendo y ordenando poco a poco los manuscritos traducidos, así que debió de malinterpretar que estaba haciendo un libro.
Partí una galleta que llevaba en el bolsillo y la coloque delante de Polka. Polka picoteó cada trocito.
[Mmm, ¡esto está mejor que un bicho!]
—Come, Polka.
Sonreí tranquilamente. Tengo suficiente dinero para comprar galletas para los pájaros. Si el trabajo no se interrumpía, quizá en el futuro pudiera comprarme una casa con jardín Creo que sería perfecto si pudiera llevar una vida tranquila junto a los pájaros…
Fue entonces cuando ocurrió.
Un hombre cruzó rápidamente el césped y entró corriendo en el pabellón.
El hombre se acercó a mí, jadeando. Gotas de sudor caían de su cabello rojo y rizado y su rostro pecoso estaba absorto en sus pensamientos.
Era uno de los príncipes que vivían en el Palacio Rubí. Si no mal recuerdo su nombre es Adrián, de la nación de Tegal.
—¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! Di que no me has visto, por favor. Por favor.
Adrián se escondió rápidamente debajo de la mesa en la que yo estaba sentada y me hizo una señal de atención. Me levanté de un salto, presa del pánico.
Al poco rato, otro hombre entró corriendo en el pabellón. En cuanto vi su rostro, me quedé paralizada.
Cabello castaño oscuro que le llegaba hasta los hombros y ojos azules. Daba la impresión de ser un chico travieso y pícaro. Era el tercer príncipe, Javier.
El príncipe comenzó a caminar con zancadas largas y se acercó a mí. Era la primera vez que lo veía tan de cerca.
—Oye, tú. ¿No has visto a ese hombre pelirrojo? Es más o menos de esta estatura y tiene muchas pecas en la cara.
—… Me complace presentarme ante Su Alteza Real. Me ha parecido que corría en esa dirección.
Señalé rápidamente una dirección. Extendí mi falda ampliamente, cubriendo la parte inferior de la mesa tanto como fue posible. El tercer príncipe dio unos pasos en la dirección que le indiqué, luego retrocedió y volvió hacia mí.
—Espera. Me resultas un poco familiar.
—…Soy Josefina, del Reino de Iote
Aunque por fuera fingía que no sucedía nada, sentí un nudo en el pecho y una opresión en la espalda y la cintura.
Así fue como volví a encontrarme con el tercer príncipe después de varios años. Nunca quise hacerlo, pero era algo por lo que tenía que pasar de todos modos. Tenía que saludarlo en el banquete que se celebrará próximamente, donde tendré que presentarle a mi hermana.
—¿La princesa de Iote? Entonces, ¿vives en el Palacio Rubí? .
El tercer príncipe arqueó las cejas y señaló hacia el noroeste, donde se encontraba el Palacio Rubí.
—Sí, así es.
—Ah, ya me acuerdo. ¿Eres esa chica melancólica que llegó hace cuatro o cinco años? No, has crecido tanto que casi no te reconozco. ¿Ya has celebrado tu ceremonia de mayoría de edad?
—Este año cumplo veinte años.
Por desgracia, el tercer príncipe me recordaba. Apreté con fuerza el puño atrás de mi espalda, maldiciendo su extraordinaria memoria.
—Pero, ¿la princesa del Palacio Rubí va por ahí vestida así? Pensé que eras otra bibliotecaria.
—Lo siento, pero ¿no deberías irte ya?
—Ah, es verdad. Entonces, nos vemos.
El tercer príncipe se alejó lentamente en la dirección que le indiqué.
Uf. Por ahora, había superado la situación. Observé con ansiedad la espalda del príncipe alejándose.
Mientras tanto, un líquido blanco y viscoso goteaba sobre la corona del príncipe.
El gorrión polka volaba suavemente sobre su cabeza.
…A ese gorrión realmente nadie puede detenerlo.
Al sentir el líquido pegajoso resbalando por su frente, el principe se detuvo y tocó su cabeza.
—¡Argh! ¡Es caca de pájaro!.
El príncipe gritó al ver el líquido en su mano. Inmediatamente se giró hacia su residencia y echó a correr como un loco.
Después de confirmar que el príncipe había desaparecido de mi campo de visión, hice un gesto con la mano hacia debajo de la mesa. Ya puedes salir.
Adrian miró a su alrededor para volver a confirmar que no había nadie y salió de debajo de la mesa.
—…Muchas gracias, princesa Josefina.
Se sentó en la silla y, mientras recuperaba el aliento, me expresó su agradecimiento.
—No, adelante.
Adrian me hizo una ligera reverencia en silencio.
Sonreí e intenté responder, pero me detuve sorprendida.
Esto se debía a que a Adrian le goteaba sangre por la nariz. También se habían formado burbujas de sangre en sus labios agrietados.
***
Luna, la lechuza, entró volando por la ventana de mi habitación.
Cuando le conté lo que había pasado por la tarde, Luna agitó las alas y sacudió la cabeza de un lado a otro.
—¿Pensabas que solo les pegaban cuando entraban en el palacio? ¡Qué inocente! ¡Si están de mal humor, los siguen golpeando sin razón alguna!
Luna tenía la costumbre de hablar con entusiasmo sobre el lado oscuro de los principes.
—No lo sabía. En absoluto.
Me apoyé contra una pared, tocándome la frente, que me dolía.
Pensaba que los príncipes solo tendrían que pasar por una duro rito de iniciación. No pensé que los seguirán maltratando después de eso.
—Normalmente solo golpean en lugares que no se ven, así que desde fuera no se nota mucho. Pero a los príncipes recién llegados que son guapos, los golpean en la cara.
Al escuchar las palabras de Luna, un escalofrío me recorrió el cuerpo. Pude sentir en carne propia que para el tercer príncipe pisotear a alguien era algo cotidiano.
Me mordí los labios. Era difícil incluso imaginar que una persona así se convirtiera en el marido de mi hermana.
—En cualquier caso, con el que más hay que tener cuidado es al tercer príncipe. Es el número uno en la lista de personas a evitar. El primer príncipe es un tonto, y el segundo solo finge ser educado.
Luna siguió hablando. Me vino a la mente el rostro de mi hermana, que me había pedido perdón por haberme enviado sola al Imperio mientras sostenía mi mano, sentí un nudo aún más fuerte en el pecho.
—Josefina, no dejes que se den cuenta lo hermosa que eres.
Esta lechuza a veces dice cosas tan descabelladas como esta.
—…No es para tanto, así que no te preocupes.
Las aves son generosas a la hora de elogiar el aspecto. Especialmente con quienes les dan de comer.
Aun así, me ha dado información, así que tengo que devolverle el favor. Le ofrecí a Luna un trozo de galleta.
—Aunque soy un ave carnívora… Por extraño que parezca, me como todo lo que tú me das.
Luna refunfuñaba, pero picoteó las galletas y se marchó.
Me senté junto a la ventana iluminada por la luz de la luna y reflexioné. ¿Cuándo tendré noticias de mi padre?
Pero, por fin podré ver a Joanna después de tanto tiempo. Ella, sin duda, se habrá convertido en una princesa majestuosa y llena de coraje.
Tengo la intención de hablar directamente con mi padre.
Que sería mejor que se replanteará el matrimonio de Joanna con el tercer príncipe.
Unos días después, llegó esta respuesta desde mi país natal, que desvaneció mi firme determinación.
«Joanna ha roto su compromiso con Lord Voight. Tu opinión no es relevante en lo que respecta al matrimonio real. Será mejor que no añadas palabras innecesarias. Todo se hace por el bien del país»
