Historia Extra 2


Cuando Eunseol escucho que se cerraba la puerta principal, abrió los ojos. Jeonghyeok por fin se había ido a trabajar, lo que significaba que ya no tenía que fingir que dormía. Su marido tenía un libido muy alta, y siempre hacía falta una buena sesión de amor para calmar su deseo. Normalmente, duraba hasta que ella casi se desmayaba para que él quedara satisfecho.


Al principio de su matrimonio, Jeonghyeok fue más indulgente con ella porque era inexperta. Pero eso fue hace mucho tiempo. Con el paso del tiempo, empezó a hacerle el amor con frecuencia, como si fuera su misión en la vida. No pasó mucho tiempo antes de que Eunseol se acostumbrara y se entregara a él voluntariamente.


Siempre ha sido así cómo se mezclan. Una vez excitados, continuaban hasta quedar satisfechos. Si no quedaban satisfechos, él volvía a empezar al día siguiente.


Pero anoche, Eunseol fingió estar dormida para escapar de sus insinuaciones. Nunca lo había evitado antes, a menos que realmente se hubiera quedado dormida, estuviera con la regla o estuviera enferma.


—¿Así que estás cansado, eh…? —Jeonghyeok se apartó con facilidad anoche. La parte inferior de su cuerpo aún se abultaba con rabia, pero su rostro no podía parecer más tranquilo. Por un segundo, Eunseol pensó que tal vez no sentía ninguna excitación. Pero una mirada peculiar cruzó sus ojos, y Eunseol comprendió la verdad. Jeonghyeok se dejó engañar, pero aún no había terminado con esta situación.


Eunseol se preguntaba qué se había perdido. Intentó adivinar qué tramaba su marido, pero al final se quedó dormida. Durante la noche, se despertó al sentir sus manos acariciando su cuerpo. Su tacto era tan ardiente que casi se dejó llevar, pero se revolvió en la cama fingiendo que seguía profundamente dormida. Estuvo a punto de caer rendida.


—…No lo entiendo. Por mucho que lo intentara, no tenía ni idea de lo que Jeonghyeok estaría pensando. Era inútil preocuparse, así que Eunseol finalmente se levantó de la cama. Era hora de prepararse para el día.


***


En lugar de ir al Hospital Hocheon, donde trabajaba, Eunseol decidió acudir a una pequeña clínica ginecológica privada cerca de su casa. Era miembro de la Fundación Hocheon y no quería que empezaran a circular nuevos rumores sobre ella.


Eunseol miró a su alrededor en la sala de espera. Había algunas mujeres embarazadas que acudían solas a la clínica, pero la mayoría estaban acompañadas por sus maridos. Tanto si tenían la barriga llena como plana, todas parecían felices. Eunseol solía ver a mujeres embarazadas felices mientras trabajaba en el Hospital Hocheon, pero hoy se sentía aún más especial. Quizás era porque por fin le había llegado su turno.


De repente, se sintió desesperada. Rezó para que esta vez, por fin, pudiera dar a luz. La imagen de un bebé apareció en su mente, y cuanto más pensaba en ello, más real se volvía. Sus esperanzas crecieron rápidamente.


—Señorita Eunseol Lee —llamó la enfermera. Eunseol se levantó rápidamente y entró en el consultorio del médico.


Una doctora de aspecto inteligente la esperaba dentro. Cuando Eunseol hizo una reverencia, la doctora sonrió y le ofreció: «Por favor, tome asiento».


Se sentía un poco extraño ser paciente por una vez. Eunseol echó un vistazo rápido a la habitación antes de mirar al médico.


—Me enteré de que vino a confirmar su embarazo —comentó el médico. Eunseol ya había llenado un formulario con anterioridad, por lo que el médico estaba al tanto del motivo de la visita.


Cuando Eunseol asintió, el médico sugirió: —¿Entonces echamos un vistazo primero?.


La enfermera acompañó a Eunseol a un vestuario separado únicamente por una cortina. La enfermera le explicó: «Primero tendrás que cambiarte. Cuando entres, por favor…»


Tras escuchar las instrucciones, Eunseol entró en el vestuario. Se puso rápidamente la bata de la clínica y se quitó la ropa interior. Sabía mejor que nadie que era un procedimiento habitual, pero aun así no pudo evitar sentirse nerviosa. Recordando los rostros de sus pacientes anteriores, Eunseol subió a la estrecha camilla.


El médico se puso los guantes de látex y tomó el equipo de ultrasonido, que estaba cubierto con una funda desechable. Era menos de la mitad del tamaño del miembro de su marido, pero aun así la puso un poco nerviosa.


—Por favor, relájese —ordenó el médico. Eunseol hizo un esfuerzo por abrir las piernas, y cuando un objeto extraño entró en su cuerpo, apretó los dientes por reflejo.


—¿Ves esto? —comenzó a explicar el doctor. Eunseol miró fijamente la pantalla e inmediatamente supo la verdad.


Realmente había un bebé dentro de ella.


Al contemplar la diminuta semilla de un bebé, sus ojos se llenaron de lágrimas. Se enamoró al instante de su hijo por nacer, y Eunseol no podía apartar la vista de la pantalla.


Fue algo de lo más extraño. Eunseol había atendido a innumerables mujeres embarazadas y había visto la misma cantidad de ecografías. La única diferencia era que ahora era ella quien estaba acostada en la camilla, pero todo se sentía mucho más especial. Se dio cuenta de que así debían de sentirse esas mujeres embarazadas. La emoción, indescriptiblemente abrumadora, hizo que sus ojos se enrojecieran aún más.


Tras enterarse de que tenía cinco semanas de embarazo, Eunseol salió del hospital. Iba caminando por la calle cuando su teléfono móvil vibró. Vio que era una llamada de su marido, así que miró a su alrededor sorprendida. Eunseol sabía que era una idea descabellada, pero por un instante se preguntó si la estaría observando desde cerca. Parecía que la coincidencia era demasiado oportuna para ser casualidad.


Cuando ella respondió, Jeonghyeok preguntó: —¿Dónde estás?.


Su voz sugería que sabía que ella no estaba en casa ni en la tienda de Sujin.


—...Afuera. Su voz sonó inesperadamente ronca.


Tras un breve silencio, Jeonghyeok preguntó: —¿Estabas llorando?.

—No. No he hablado en toda la mañana, así que debo tener la boca un poco seca.


—Almorcemos juntos.


—Ah, entonces iré a su oficina. Ahora mismo estoy libre.


—No, enfatizó Jeonghyeok, —iré yo a verte.


Su voz grave le dio a entender que no debía negarse. Eunseol vio una cafetería al otro lado de la calle, así que le dio el nombre del lugar.


***


Jeonghyeok y Eunseol llegaron a un restaurante de bibimbap bastante modesto. Jeonghyeok pensaba llevarla a una churrasquería cercana, pero Eunseol tenía antojo de bibimbap. Antes de decidirse por un restaurante, tenía muy claro lo que quería. No quería el bibimbap en olla de piedra, ni tampoco una versión fusión. Quería un bibimbap tradicional de verdad, con arroz de cebada y verduras silvestres.


Tras pensarlo un momento, Jeonghyeok contactó con Seulgi, que era una experta en restaurantes locales. Al explicarle la situación, Seulgi soltó una risita y le hizo una sugerencia. Murmuró: «Eso es muy propio de Eunseol».


El lugar al que llegaron se llamaba Mother’s Barley Rice y estaba ubicado en un callejón dentro del mercado Shinheung en Haebangchon.


«...¡Está riquísimo!», dijo Eunseol con voz casi a punto de llorar. Mientras tanto, Jeonghyeok se afanaba en rellenarle el vaso de agua y prepararle los acompañamientos.


Eunseol preguntó: —¿No te gusta, Jeonghyeok?


Su tazón ya estaba medio vacío, mientras que Jeonghyeok apenas había comido nada. Jeonghyeok le acercó su propio tazón de sopa de algas con bolitas de patata y respondió: «No, está deliciosa».


A cada uno le sirvieron un tazón individual de sopa, pero Eunseol ya había terminado la suya. Normalmente, la habría rechazado por cortesía, pero hoy la aceptó sin protestar. Respondió: «Gracias».


No tardó mucho en terminar su comida. Jeonghyeok ni siquiera se molestó en preparar su propio bibimbap. Se lo comió tal cual y, tras pagar la cuenta, prometió: «Vendremos aquí a menudo».


—Me gustaría. Eunseol sonrió.


Como la oficina de Jeonghyeok quedaba bastante lejos, ni siquiera tuvo tiempo de tomar un café con ella. El matrimonio regresó rápidamente al estacionamiento y Jeonghyeok comenzó a conducir.


La carretera estaba transitada, pero un silencio apacible reinaba dentro del coche. Eunseol llevaba cinco minutos mirando a Jeonghyeok, consciente de que debía contarle lo del bebé. Pero le costaba sacar el tema. Pensaba que quizás sería mejor esperar hasta estar cerca del segundo trimestre. Al fin y al cabo, su marido solía exagerar cuando se trataba de su seguridad y su salud.

Ignorando su deseo de contárselo, Eunseol inició una conversación trivial. 


—Pensaba que tardaría una eternidad en terminar mi programa de especialización, así que no puedo creer que ya casi haya terminado. El tiempo vuela.


Jeonghyeok sonrió cálidamente y asintió.


—Y me alegro de haber elegido ginecología y obstetricia, dijo Eunseol.


—¿Porqué es eso?


—¿Sabías que el departamento de obstetricia y ginecología es el único donde reina la risa?


Jeonghyeok desconocía este hecho. Asintió con interés.


Eunseol continuó: —Cestas de flores, palabras de buenos deseos y sonrisas de agradecimiento... Me siento muy orgullosa de formar parte de los momentos especiales de esas familias.


Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas de nuevo. Aunque rara vez ocurrían desgracias en este departamento, siempre estaba lleno de amor. Tan solo presenciar los embarazos y los nacimientos le producía una inmensa alegría.


Y finalmente, le llegaría el turno a Eunseol. Por ahora era un secreto, pero su corazón latía con ilusión por su futuro. Innumerables rostros de mujeres embarazadas le venían a la mente, y sabía que pronto experimentaría la misma felicidad.


—...Por cierto, ¿tú también quieres un bebé, Jeonghyeok? Hace mucho que no dices nada al respecto. El abuelo dijo que es su último deseo en la vida.


Ilseong ha estado presionando a Eunseol en secreto, sin que el resto de la familia lo sepa. A menudo le decía a Eunseol que no le quedaba mucho tiempo de vida y que su último deseo era tener a un bisnieto en brazos.


Eunseol no se sentía molesta ni resentida porque comprendía por qué Ilseong se sentía así. De hecho, sentía remordimiento y culpa.


—Siempre he pensado que sería bonito tener una hija que se pareciera a ti, Eunseol.


Los ojos de Eunseol se abrieron de par en par ante la tranquila respuesta de Jeonghyeok. —...¿De verdad? Y si tenemos un bebé, ¿me ayudarás mucho?.


El semáforo se puso en naranja y Jeonghyeok, naturalmente, redujo la velocidad. Cuando finalmente se detuvo, se giró hacia ella y le respondió: —Eso no se puede llamar ayuda. Criaré al niño contigo. No será solo tu bebé. También será mío.


Su tono parecía un poco crítico. Eunseol murmuró: —Lo sé, pero… estás tan ocupado. Ni siquiera tienes tiempo para dormir.


—Seol, te agradezco tu preocupación, pero… debes respetar mi derecho y mi deber como padre. Solo podré sentir verdadera felicidad si participo plenamente en la crianza de nuestro hijo.


—Ah… Eunseol nunca lo había pensado así. Criar a un hijo iba a ser increíblemente difícil, pero la alegría que le produciría sería aún mayor. Esta debía ser la razón por la que la gente tenía bebés todo el tiempo.


—Además, criar hijos es mi especialidad, añadió Jeonghyeok. El semáforo se puso en verde, así que el coche avanzó suavemente.


—Cómo… sabes eso?


—Porque tengo experiencia.


Eunseol tardó unos segundos en comprender lo que quería decir. Se sonrojó al darse cuenta de que le estaba diciendo que él la había criado. No estaba del todo equivocado, pero aun así la hizo sentir avergonzada.


—¿De cuántos meses estás? —preguntó con indiferencia.


Eunseol miró su perfil con confusión.


—Supongo que cinco semanas?


Los ojos de Eunseol se abrieron de par en par ante su pregunta.


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@Baut

Hello soy traductora en mi tiempo libre, amante de la literatura, me facina el arte.

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