Capitulo 7

Crujido.

Abrió la puerta con el mayor cuidado posible, pero la vieja puerta de madera emitía sonido. Sin embargo, no parecía probable que un ruido de esa magnitud pudiera despertar a la pareja de campesinos, quienes dormían agotados tras las labores agrícolas del día.

Muriel salió sigilosamente. Ya no podía permanecer en esa casa. Mientras ese demonio siguiera visitándola, el granjero y su esposa inevitablemente sufrirían algún daño. Pensando que no podía poner en peligro a la inocente e ignorante pareja, Muriel decidió marcharse.

No tenía adónde ir y no sabía nada del mundo humano, pero tras salir sin un plan, Muriel cerró la puerta con cuidado.

La noche sin luna era oscura y completamente negra. Un viento fuerte agitaba el dobladillo de su ropa. Se abrochó el cuello para protegerse del frío. No llevaba zapatos. Esto se debía a que no tenía ninguno que le quedara bien. Cada vez que caminaba por el camino de tierra con sus pies descalzos, le aparecían pequeños rasguños en los dedos. Su delicada piel no pudo soportar el camino de tierra lleno de baches.

No había otras casas cerca. Parecía que tendría que caminar un buen rato antes de encontrar un pueblo. Muriel comenzó a caminar sin rumbo fijo. No sabía adónde ir, pero decidió evitar los asentamientos humanos por ahora. Era la única manera de no atraer a nadie. Habiendo decidido adentrarse en un bosque profundo para morir de hambre o convertirse en alimento para las bestias, luchó por avanzar en la oscuridad. Un denso bosque proyectaba una sombra oscura ante ella.

«Ojalá pudiera convertirme en el alimento de las bestias en este mismo bosque...»

Rodeado de ramas tan densas que parecían ocultar el cielo oscuro, el bosque no solo era oscuro, sino también aterrador. Al adentrarse en el bosque, Muriel miró a su alrededor en la oscuridad. Sintió como si una bestia salvaje pudiera saltar de entre los arbustos en cualquier momento y despedazarla.

CRASH.

Al escuchar el sonido, su cuerpo se estremeció. El sonido se acercaba.

«¿Qué es eso?»

Muriel se giró. Los arbustos se mecían. Aterrorizada, dio un paso hacia atrás.

CRASH, CRASH.

Fue entonces cuando algo negro como la noche emergió repentinamente de entre los arbustos que se mecían.

—¡Aaaah!

Pálida de miedo, Muriel soltó un grito desgarrador. Un monstruo gigantesco parecido a un simio gigante, había salido de los arbustos. El monstruo saltó por encima de las ramas en un instante y la sujetó del tobillo. Gritó y forcejeó al sentir una mano poblada de vello sujetarle el tobillo.

—¡Aaaah! ¡Suéltame! ¡Suéltame, monstruo!

Sujetándola firmemente por el tobillo, el monstruo la levantó inmediatamente. Con el cuerpo suspendido boca abajo y atrapada por las garras de la bestia gigante, se mecía en el aire.

La falda se deslizó hacia abajo, obstruyéndole la visión. Gracias a ese contratiempo se libró de contemplar el aspecto horrendo del monstruo mostrando su boca abierta, pero el terror que la invadía no hizo más que intensificarse. Con su cuerpo desnudo, pataleaba con desesperación mientras permanecía cautiva.

—Qué extraño. Aunque su apariencia es humana, despide el aroma de un ángel.

La criatura emitió una voz grotesca mientras sepultaba el hocico en la parte baja de su cuerpo, aspirando con fruición para inhalar el olor.

—Cualquier cosa está bien. Con tal de que tenga buen sabor, eso es lo único que importa.

El monstruo sacó la lengua y lamió la parte inferior de su cuerpo expuesta.

—¡Aaaah! ¡Ayúdenme! ¡Para!

Tras propiciar un prolongado lamido sobre su entrada, la criatura abrió desmesuradamente las fauces, sus horribles dientes quedaron expuestos de forma aterradora. Justo cuando el monstruo estaba a punto de acercar sus dientes a su estómago, como si fuera a desgarrarla

—Esa es mi presa.

Una voz fría rompió el silencio. El monstruo lamió el muslo de Muriel con su lengua pegajosa y babeante mientras miraba a otro cazador.

—Esto es mío. Lo vi primero.

—Yo le seguí la pista desde el momento en que cruzó la linde del bosque. Me pertenece.

Una voz fuerte resonó desde la oscuridad.

—Me la voy a comer.

En el preciso instante en que el monstruo replicaba con la firme intención de no cederla, unas alas oscuras planearon con agilidad en la penumbra. Unas alas oscuras, pupilas frías y garras afiladas y largas perforaron los ojos del monstruo en una fracción de segundo.

—¡Aaaargh!

Con un grito grotesco, el monstruo soltó a Muriel.

—¡Ay!

El cuerpo de Muriel, liberado de las garras de la bestia, se precipitó violentamente contra el suelo. Apenas tuvo tiempo de vislumbrar cómo las alas oscuras volvían a abalanzarse sobre el rival cuando un chorro de sangre escarlata brotó del cuerpo de la criatura. Con ambos ojos destrozados y expulsando sangre a borbotones como si de una fuente se tratara, el monstruo huyó despavorido hacia la profundidad del bosque sombrío.

—Y pensar que solo era un monstruo patético.

El hombre de alas negras, que había estado mirando fijamente al monstruo que huía hacia el bosque, bajó la mirada lentamente hacia Muriel, que temblaba en el suelo. Muriel temblaba, con el cuerpo rígido. Había creído que deseaba ser devorada por una bestia, pero al enfrentarse a esa situación, un instinto primario de no querer morir surgió en su interior. No quería ser devorada y morir así.

—Vaya, qué curioso. Un ángel desprovisto de alas.

Aquellas pupilas oscuras la examinaban con evidente aire de fascinación. A simple vista, Muriel fue capaz de discernir qué se trataba de un demonio.

Otro demonio similar a Sakia.

Con alas oscuras, ojos tenebrosos, garras aterradoras y una cola, aquella entidad de inconfundible estampa demoníaca se aproximó y se sentó junto a ella. Acto seguido, se dispuso a olisquear su cuerpo.

—¿Huele a Sakia? Sakia debe haber eyaculado dentro de ti.

Cuando el nombre de Sakia salió de la boca del demonio, Muriel se estremeció. Quizás era amigo de ese demonio. Muriel tembló al pensar que pudiera llevarla con Sakia.

—Pero el olor se ha debilitado. Parece que ese imbécil roció su semen por la mañana y se olvidó de rociarlo por la noche. Debe haber olvidado que hay que rociarlo dos veces al día para que tipos como él no se atrevan a atacar.

Los labios del demonio esbozaron una sonrisa. Muriel pudo ver la codicia en sus ojos.

——¿Sabes algo? A veces los ángeles bajan a la Tierra y pierden sus poderes. Son casos de pésima suerte. La mayoría de las veces, pierden sus alas y caen como castigo. Pero he escuchado que si un ángel sin poderes es devorado por una bestia, puede renacer en el Cielo. Sin embargo... Sii son devorados por demonios como nosotros o por un monstruo como el de hace un momento, jamás podrán revivir. Desaparecen para siempre. ¿No tienes miedo?

Los ojos del demonio se volvieron hacia el bosque.

—Mira hacia allá. Atraídas por tu aroma, las alimañas del bosque se están congregando. Supongo que no eres consciente de la fragancia tan embriagadora que desprendes, ¿verdad? Estás exhalando un olor capaz de hacerle la boca agua a cualquier monstruo.

Al oír esas palabras, Muriel miró hacia el bosque. Ojos brillaban en la oscuridad. Innumerables ojos la miraban fijamente. Sus miradas parecían listas para abalanzarse sobre ella y devorarla en cualquier momento.

—En circunstancias así, lo único que puede salvarte es el hedor de un ente mucho más poderoso y temible. Exacto, el aroma de un demonio como yo.

Lo que se necesita en momentos como este es el aroma de un ser más fuerte, más aterrador. El aroma de un demonio como yo

—Soy Beriel. Pertenezco a la servidumbre del excelentísimo Lucifer. Haré una excepción acogiéndote bajo mi amparo.

—No... no...

Comprendiendo al fin el significado de acogerla, Muriel intentó arrastrarse por el suelo para huir de su presencia, pero la mano de Beriel le atrapó la pierna en un abrir y cerrar de ojos. Y sin brindarle la menor oportunidad de defenderse, le abrió las piernas de par en par. Aun en plena oscuridad, la mirada del demonio miraba con total nitidez su entrada.

—Es un agujero de aspecto delicioso. Es la primera vez que veo el agujero de un ángel, así que lo espero con ansias.

Beriel lamió sus labios, luego movió larga y negra cola. Aquella extremidad larga y puntiaguda comenzó a punzar juguetonamente en su zona íntima.

CRASH!

Emitiendo un sonido áspero, las prendas de Muriel se rasgaron por completo. Hechos jirones en un solo movimiento, los restos de la ropa cayeron esparcidos por el suelo.

—¡Aaaah!

En el instante en que quedó completamente desnuda, Muriel soltó un grito ahogado y se cubrió los senos con ambas manos. No obstante, Beriel le sujetó las muñecas de inmediato y se las apartó con brusquedad. Aprovechando la maniobra, el demonio se abalanzó sobre uno de sus pechos, mordisqueando con avidez mientras la carne se mecía.

—¡Ahh! ¡Ah!

El rostro de Muriel se contrajo mientras Beriel le mordía los pechos, y un gemido de dolor escapó de sus labios. Al mismo tiempo, la puntiaguda cola de Beriel se abrió paso entre sus piernas.

—¡Ngh!

Muriel tembló ante la cola de Beriel, que se sentía claramente diferente a la carne de Sakia. La cola rozó su clítoris hinchado como si fuera una criatura viviente.

—¡Ahng...!

La cola se desplazaba con agilidad, pinchando y frotando alternativamente su clítoris. Sometida a semejante vértigo sensitivo, Muriel retorció la cintura.

—¡Ahn...! ¡Basta...! ¡Basta ya! ¡Lo odio!

—Tanta resistencia fingida, cuando en el fondo te está encantando.

Berryel levantó una de sus piernas. Gracias a esto, su cola se deslizó por la abertura de su vulva, que ahora quedaba aún más expuesta.

—¡Ah, ah!

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@Baut

Traducir es mi forma de leer dos veces. Leer es mi forma de vivir mil vidas.

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