Capitulo 6

 

Sakia pronunciaba palabras crueles sin dudarlo un instante, y Muriel lo miró fijamente. Ella no tenía derecho a decidir. Al final, este demonio terminaría haciendo lo que se le diera la gana.


—Cumple... tu promesa…


Si de todos modos su cuerpo iba a ser pisoteado, quería proteger al menos a esa piadosa pareja de granjeros. Si a esas buenas personas que le habían brindado su calidez les pasaba algo horrendo, se sentiría aún más miserable.


—Vamos, muéstrame tu aspecto lascivo.


Sakia se cruzó de brazos y sonrió. Al ver esa sonrisa llena de burlas, Muriel se desvistió lentamente.


Era miserable.


Aunque se sentía miserable, no tenía otra opción.


A medida que la ropa desgastada resbalaba de su cuerpo, su desnudez completamente blanca quedó al descubierto. Era un cuerpo que aún conservaba las marcas que Sakia le había dejado ese mismo día. Con el cuerpo totalmente desnudo, Muriel se arrodilló frente a él. Llevó sus labios hacia los de Sakia. Y, con un torpe movimiento de lengua, entreabrió los labios de él para entrar.


—Ugh…


Para Muriel era su mejor esfuerzo, pero desde la perspectiva de Sakia no era más que un beso infantil. Sakia pensó que sus pechos al balancearse resultaban más provocativos. Sakia sujetó la cintura de Muriel, que le lamía los labios, y la sentó sobre sus piernas en cuestión de un instante.


—Eres terrible.


—¡Ah!


Sentándola sobre sus piernas, apoyando la espalda de ella contra su pecho, Sakia le susurró al oído:


—Esto me va a excitar más que un beso a medias. Hazlo tú sola así como estás.


—¿Qué?


Ante la orden de Sakia de hacerlo ella misma, el rostro de Muriel se sonrojó de vergüenza.


—Hazlo con tus propias manos. Debes complacer tu propio cuerpo con tus propias manos. Vamos, date prisa.


Sakia sonrió con crueldad mientras contemplaba con regocijo el pálido rostro de Muriel.


—Tócate tú misma, tal como lo hice yo este mediodía.


—Tocarme.


—¿Lo olvidaste en solo medio día? Solías gemir como si te murieras de placer cada vez que te tocaba aquí.


Acompañando sus palabras, la mano de Sakia retorció y entreabrió la hendidura de su sexo.


—¡Ah!


Sorprendida por la mano de Sakia que abría su carne interior, Muriel intentó juntar las piernas, pero fracasó. Sakia le susurró al oído:


—Abre más las piernas y hazlo. Antes de que cambie de opinión.


—Ugh…


Tras dudar un poco, Muriel separó un poco más los muslos. Luego, bajó las manos hacia su hendidura. Podía sentir la sensación de un fino vello en las yemas de los dedos. Las mujeres humanas también tienen vello en la zona púbica. Muriel apartó el fino cabello y acarició suavemente la abertura con los dedos.


—Uuugh.


Un líquido húmedo se escurría por sus dedos al tocarla ligeramente.


—Jaja, estás mojada, ¿verdad? ¡Tienes un cuerpo muy lascivo!


—Ugh. N-no es eso. Haa…


Muriel negó con la cabeza con dificultad mientras movía los dedos por su caliente parte baja.


—Toca aquí, te va a gustar mucho más.


Sakia le tomó la mano y se la colocó sobre el bulto que comenzaba a hincharse.


—¡Ah, ah...!


Un sonido lascivo escapó de sus labios. Sus pétalos derraman miel lasciva, irradiando un calor extraño. Era imposible olvidar el placer que su cuerpo había descubierto una vez.


—Ah, ah... Lo odió…


Sus dedos resbaladizos se movían de arriba abajo.


—¡Ah! Mmm…


Su cuerpo ya estaba listo. El interior de sus pétalos se arremolinaba con un calor abrasador y, como prueba de ello, un agua obscena fluía a chorros sobre él muslo de Sakia.


—¡Haah!


La mano de Sakia se aferró a sus pechos. Ante ese roce brusco, arqueó la espalda. 


—No te olvides de la parte de arriba, si no, esta parte se sentirá excluida, ¿verdad?


Su mano pellizcó y retorció su pezón rosado.


—¡Auh, ugh...!


—Eh, ahora, introduce el dedo lentamente.


Siguiendo las exigencias de Sakia, Muriel empujó con cuidado su propio dedo dentro del agujero empapado.


—¡Ah, ah! ¡Aang!


Su ardiente agujero engulló su dedo sin resistencia. En ese instante, se vio envuelta en un éxtasis indescriptible.


—¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaang!


Gritando lascivamente, Muriel empujó sus caderas. Ahora sentía placer con su propio dedo.


—Qué lasciva. Yo no he hecho nada y ya estás sintiendo placer tú sola, qué mujer tan obscena.


Sakia soltó una risa burlona a sus espaldas. Muriel no pudo negar esas palabras. Era cierto que ahora estaba experimentando placer con sus propias manos, tal como él había dicho.


Resultaba una escena indescriptiblemente lascivo ver a quien tan solo un día atrás era un ángel noble, masturbándose por su cuenta y gimiendo sumida en el placer. Sakia pensó que, si tuviera puestas las alas de un blanco puro, se vería aún más obscena. Un ángel masturbándose de forma obscena con sus alas blancas desplegadas... El solo hecho de pensarlo le ponía duro el miembro.


Sakia lamentó tardíamente que cuando era un ángel, debería haberle permitido lamerle el pene con sus labios puros mientras llevaba esas alas blancas. Había querido verla jadear obscenamente con su pene oscuro dentro de su boca, agitando esas alas blancas. Quería rociar su semen sobre esas alas blancas puras. Pero ahora que las alas habían desaparecido, no era más que una fantasía. Sakia pensó que algún día, cuando sus alas volvieran a crecer, sin duda eyacularía sobre ellas.


—¡Haah! ¡Ugh!


El deseo endurecido de Sakia resurgió y se precipitó con fuerza contra la parte inferior del cuerpo de Muriel, que estaba sentada sobre su muslo. El rostro de Muriel se sonrojo al darse cuenta de lo que era.


—Mm, mm, ¡ahh! ¡Aaaah!


—Adelante, correte. Yo te ayudaré.


Sakia le susurró al oído mientras le lamía el cuello empapado de sudor. Agarró sus pechos que se balanceaban y acarició sus pezones con los dedos, mientras que con una mano, introdujo sus propios dedos en el orificio por donde entraban y salían los de ella.


—¡Haaah! ¡Ah! ¡Ah!


Cuando los dedos de Sakia se añadieron al orificio donde solo los suyos habían entrado y salido, los gemidos de Muriel se hicieron más fuertes. Una de las manos de Muriel continuó frotando su clítoris con insistencia. Quizás porque era el punto más sensible, al frotarlo con tenacidad, los dedos de Sakia invadieron su ardiente orificio, provocando que soltara un gemido incontrolable y lascivo.


—¡Aang! ¡Ang! ¡Ah, ah!


Espuma brotó de su vagina. Esa espuma lasciva se formó entre los dedos de Sakia. Entregándose al placer, Muriel gimió y se apoyó en el pecho de Sakia. Sus caderas temblaban salvajemente.


—¡Aaaaah! ¡Ah!


Cuando los dedos de Sakia presionaron su punto sensible, el cuerpo de Muriel se arqueó hacia atrás al instante. Al mismo tiempo, sus paredes vaginales, que habían estado envolviendo los dedos de Sakia, se contrajeron. El agua fluyó sin cesar desde el interior de su orificio.


Exhausta, Muriel jadeaba apoyada en Sakia. Con las piernas abiertas de forma lasciva, su orificio se contrajo y expulsó fluidos. Era una visión verdaderamente obscena, muy alejada del ángel puro que había sido. Una mujer desnuda de cabello plateado puro apoyaba su cuerpo cansado contra el pecho de un hombre con alas negras como el azabache, sentada sobre sus muslos con las piernas abiertas de par en par, exponiendo su sexo. Y de ese orificio expuesto, un fluido lascivo brotaba sin cesar.


 ***


“Mañana volveré. Prepárate para recibirme con alegría.”


Después de que el demonio pronunciara esas palabras y desapareciera, Muriel sollozó en silencio. Ella misma lo había hecho mientras se apoyaba en el abrazo de ese demonio. Parecía que ya no quedaba ningún abismo al que caer. Este lugar era un infierno para ella. Ese demonio jamás la dejaría ir.


—Snif... Snif…


Secándose las lágrimas con el dorso de la mano, se acarició la espalda. Aquel lugar, aún sin alas, le transmitía una extraña sensación. Si tan solo tuviera alas… Tumbada boca abajo, sollozaba, con los hombros temblando. El viento azotaba fuera de la ventana.


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@Baut

Traducir es mi forma de leer dos veces. Leer es mi forma de vivir mil vidas.

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