Lucifer observó a Kamael mientras se lamía suavemente los labios con la lengua.
—No diré quién es. El interesado lo sabe mejor que nadie.
El ceño de Kamael se frunció ante las palabras de Lucifer.
—Deja de decir tonterías y habla de una vez sobre la zona neutral, Lucifer.
En un abrir y cerrar de ojos, Kamael había envainado su espada en la cintura. Lucifer comenzó a hablar con relajación hacia Kamael. Detrás de él, Sakia abrazaba con fuerza a Muriel, cuyo cuerpo recuperaba el calor.
Un milagro estaba a punto de suceder.
***
“Muriel.”
Muriel se giró al escuchar la voz que la llamaban. Sakia descendió suavemente al suelo batiendo sus alas oscuras. Muriel frunció el ceño con suavidad mientras atrapaba con la mano una pluma negra que revoloteaba en el aire.
—Te he dicho que entres por la puerta y no por la ventana.
Ella regañó a aquel demonio que siempre dejaba la puerta de lado para colarse volando por la ventana.
—Otra vez con los sermones. ¿Sabes que solo te salen sermones?
—Por eso, para que yo no tenga que sermonearte, tú... ¡Kyaah!
Sakia levantó suavemente en brazos el cuerpo de Muriel, quien parecía dispuesta a continuar con sus reproches. Y cargando con ella, se dirigió directamente hacia la cama.
— ¿Qué intentas hacer a plena luz del día? Estaba regando las flores…
—Las flores sobrevivirán bien aunque no las riegues ahora mismo, así que primero tienes que regarme a mí. Parece que voy a secarme y morir si no tengo agua ahora mismo.
Sakia le susurró con un tono de voz lleno de fingida exageración.
“Toma.”
Tras dejarla en el suelo frente a la cama, Sakia la miró con una sonrisa.
—¿Por qué?
—Levántate la falda tú misma.
—¿Qué?
Muriel se sonrojó ante la petición de Sakia de que se alzara la falda por su propia cuenta para dejar al descubierto sus piernas.
Ya había pasado más de un año desde que había comenzado a vivir en aquella zona neutral junto a él. Aquel suceso había ocurrido hacía un año, como si de un milagro se tratara. Aquel lugar había sido creado después de que Lucifer propusiera la idea y Kamael se la presentara a los serafines. Era un espacio en el que por el momento sólo habitaban dos personas: Sakia y Muriel.
Desde aquí, Muriel podía viajar libremente al Reino Celestial, mientras que Sakia podía viajar libremente al Reino Demoníaco. Podían mantener sus propios espacios a la vez que convivían. Mientras estuvo aquí, Muriel conservó su género femenino. Sin embargo, en el momento en que salió de aquí y entró en el Jardín Celestial, recuperó su forma andrógina.
Ella, que todavía desempeñaba el cargo de bibliotecaria, pasaba la mitad del día en el cielo y la otra mitad en aquel lugar. Era un tiempo plenamente feliz. Ante su apariencia llena de felicidad, un pequeño cambio comenzó a gestarse también en el reino celestial. Aunque sutiles, soplaban vientos favorables en cuanto al intercambio con los demonios. Por supuesto, no todos los ángeles y demonios conseguían entablar amistad con la misma facilidad que Muriel y Sakia. La brecha entre ambos bandos era tan profunda que no se atrevían a cruzar a la ligera. Debido a esto, el caso de Sakia y Muriel fue catalogado como la pareja del milagro.
"Mmm…"
Sin más remedio, Muriel levantó la falda con disimulo. En consecuencia, sus esbeltas piernas quedaron al descubierto.
—Es una escena obscena.
El rostro ya sonrojado de ella se encendió todavía más ante las palabras de Sakia.
—Quédate así.
Junto a esas palabras, el rostro de Sakia se hundió entre las piernas de ella.
“Ngh…”
Con el rostro sepultado entre los muslos de Muriel, Sakia comenzó a explorar con suavidad su bosque secreto usando la lengua.
—Sa-, Sakia.
Lentamente, Sakia lamió su bosque secreto con la lengua y le habló con ternura.
—¿Te gusta?
“Mmm…”
Tras succionar sus pétalos con los labios, Sakia recorrió su entrada cerrada con la lengua.
“Aang…”
La cadera de Muriel se estremeció ante la sensación de succión en aquel rincón tan íntimo.
—Siento que me derrito. Tu olor me está derrumbando.
Sakia susurró entre sus piernas. Un néctar obsceno y viscoso brotó del interior de la cavidad de ella. Sakia penetró aquel agujero con su lengua caliente.
—Ah, ah, aah.
Sakia deslizó un dedo dentro de la húmeda fuente de néctar de ella. Aferrándose con fuerza al dobladillo de su falda, Muriel retorció la cadera de un lado a otro. Disfrutando de semejante reacción, Sakia quitó los pliegues mojados. Produciendo chapoteos húmedos, el dedo de Sakia fue abriendo los pétalos de ella.
—¡Ah!, ¡aah!, ¡ah!
Un néctar lascivo resbaló a chorros por los muslos de ella.
—¡Aah!, ¡aaa!, ¡aaa!, ¡Sakia...!
Retorciendo la cintura, ella agarró la cabeza de Sakia en un gesto de súplica. Luego, empujó de su rostro con fuerza para pegarlo por completo a su entrada. Su cuerpo ansiaba más de él. Deseando con desesperación que lamiera con mayor intensidad, Muriel atrajo el rostro de él hacia su intimidada.
***
—¡Ah!, ¡aaa!, ¡aaaaa!
Sentada sobre las piernas de Sakia, quien aguardaba sentada en la cama, Muriel rodeó el cuello de Sakia con los brazos y movió las caderas de arriba abajo.
—¡Ah!, ¡aah!, ¡sí!, ¡sí!
El miembro ardiente de Sakia atravesó el interior de su cuerpo. Unida a Sakia hasta lo más profundo de sus entrañas, ella sacudía las caderas con rapidez.
—¡Ah!, ¡ah!
El pene hinchado de Sakia penetró, llenando completamente su interior. Las piernas de Muriel, dobladas, temblaban violentamente. El pene de Sakia penetraba sin piedad en su temblorosa parte inferior del cuerpo. Emitiendo sonidos húmedos y obscenos.
—¡Aang!, ¡ang!
Cada vez que el ardiente miembro de Sakia se introducía en la entrada rebosante de néctar, Muriel se estremecía de éxtasis. Al ritmo de los estimulantes movimientos de Sakia, y con las manos apoyadas en su pecho, Muriel mecía las caderas sumidas en un estado de deleite. Con el deseo de sentir a Sakia en un lugar todavía más profundo, ella giraba la cintura con flexibilidad.
—¡No lo soporto! ¡Aang!, ¡ang! ¡Por favor!, ¡por favor, córrete dentro!
Muriel exhaló un gemido mientras se aferraba a su cuello. Sujetando su cintura, Sakia empujó y sacó su miembro palpitante contra las paredes de la vagina de ella, que se contraían con fervor. Para sentir aún más a Sakia, quien clavaba estocadas abrasadoras mientras abría de par en par su estremecida entrada, Muriel movía la cadera con lascivia.
En el momento en que Sakia empujó con fuerza la entrada de ella, Muriel soltó un grito ahogado de placer. Y un torrente cálido brotó desde el interior de su cuerpo. Ambos se abrazaron con todas sus fuerzas. Unas alas como la nieve y unas alas con oscuridad absoluta se entrelazaron, creando una armonía singular. Plumas negras y plumas blancas yacían esparcidas por el suelo alrededor de la cama.
***
—Oye, Kamael.
Ante la voz pausada que la llamaba, una línea diagonal apareció en el frente de Kamael.
—¡Sal de aquí ahora mismo!
Era Lucifer, que había aparecido en un instante —como si supiera exactamente dónde estaba Kamael durante su breve visita a la zona neutral— y lo perseguía sin descanso.
—No seas así, ¿Qué te parece?
—¿El qué?
Kamael, furioso, gritó. Este demonio estaba avivando aún más su ya sensible temperamento.
—Lo pongo yo? ¿O prefieres ponerlo tú?
—¿Qué dices?
Kamael desenvainó la espada de su cintura ante las descaradas y obscenas palabras de Lucifer.
—A mí me da igual cualquiera de las dos opciones. Tanto recibir como dar se me dan bien. Así que elige tú. ¿Quieres que te la meta? ¿O quieres embestirme?
—¡Maldito súcubo malvado!
Lucifer esquivó con ligereza la espada que Kamael blandía entre gritos y rodeó su cintura con suavidad. Luego, le sopló un aliento cálido directamente en la oreja.
—Haré que echas de menos la noche.
—¡Muérete!
La espada de Kamael rozó la cabeza de Lucifer. En ese preciso instante, un puñado de cabellos de Lucifer voló por los aires.
—Vaya, qué carácter.
Lucifer, suspendido en el aire, miró a Kamael desde arriba.
—Si lo piensas adecuadamente...
—¡Te mataré!
Lucifer batió sus alas mientras veía a Kamael perseguirlo blandiendo su espada. A esta pareja aún le quedaba un largo camino por recorrer. Un camino bastante largo.
Pero probablemente no importe.
Después de todo, eran una raza con una existencia muy longeva, cercana a la eternidad.
