Capitulo 17

 


Observando cautelosamente a mi alrededor, me crucé con la mirada de las princesas del Palacio Rubí, incluida Tilla. Al verme, abrieron sus abanicos y comenzaron a conversar entre ellas. Aparté la mirada rápidamente, fingiendo que no las había visto.

A lo lejos, mi padre conversaba con el emperador mientras brindaban con copas de champaña. A su manera, mi padre seguramente se esforzaba por empujar a Joanna para convertirla en su futura nuera. Al ver que agachaba la cabeza una y otra vez cada vez que el emperador decía algo, me sentía incómoda. ¿De qué serviría humillarse de esa manera?

Al adentrarme en el centro del salón de banquetes, Joanna se me acercó como si hubiera estado esperando el momento.

Joanna llevaba un vestido verde claro, de diseño sencillo pero elegante, adornado con la cantidad adecuada de pedrería, lo que le daba una apariencia refinada y distinguida.

…Era extrañamente similar al mío, aquel que había quedado marcado y ennegrecido por las llamas del cigarro.

Y era completamente diferente del vestido rojo que llevaba puesto en este momento. Joanna y yo parecíamos un flamenco extravagante y un cisne de elegancia impecable.

Joanna se presentó al marqués Fernández, que estaba a mi lado. A continuación, me quitó la chaqueta de un tirón del hombro y se la devolvió al marqués.

—Agradezco su consideración hacia la princesa Josefina. Pero, ¿acaso podemos permitirnos dejar de lado una chaqueta adornada con estas condecoraciones tan honorables?

Con un aire desconcertado, el marqués Fernández aceptó la chaqueta de sus manos.

Al quedar mis hombros descubiertos al aire libre, mi cuerpo se encogió por reflejo. Sentí como si me hubieran desnudado en un instante.

Joanna tiró ligeramente de mi brazo hacia su lado y me susurró al oído.

—¿Por qué andas por ahí usando la ropa de un hombre? ¿Acaso estás empeñada en esparcir escándalos con un noble de este país?

—...

—Hermana, ahora mismo eres una rehén ante la familia imperial de Tristum. No es éticamente correcto que entres en contacto con otros hombres que no sean de la familia imperial.

Joanna me reprendió con un tono frío. No me molesté en replicar. Armar un escándalo entre hermanas en un banquete con tantos oídos atentos solo serviría para atraer miradas innecesarias.

A juzgar por cómo los presentes nos miraban de reojo, parecía que ya éramos suficientes el centro de atención.

El ministro de Finanzas, que estaba de pie cerca, reconoció al marqués, se acercó a él y le tendió la mano para saludarlo. Aprovechando esa oportunidad, Joanna me agarró de la muñeca y avanzó hacia nuestro destino.

Era el lugar donde se podía observar a Javier, el Tercer Príncipe. Él conversaba alegremente mientras chocaba su copa de cristal con las princesas de otros estados vasallos. En los rostros de las princesas se vislumbraba confianza y expectación. Algunas pocas incluso se sonrojaban tímidamente.

Con el cabello pulcramente recogido y vistiendo su traje de gala, el Tercer Príncipe lucía más formal que de costumbre. Sin embargo, ni siquiera aquel atuendo conseguía ocultar su característica mirada pícara ni la frivolidad de sus gestos.

Sujeté con firmeza la muñeca de Joanna.

—Joanna, ¿de verdad deseas este matrimonio?

—...¿Por qué preguntas algo así?

—Como tu hermana, deseo que seas feliz. De verdad.

No añadí nada en particular sobre el tercer príncipe. Joanna seguramente ya habría obtenido información sobre él a través de diversas fuentes.

—Yo deseo que mi pueblo sea feliz, de verdad.

Joanna respondió sin vacilar.

—...

No logre continuar conversando con facilidad. Joanna estaba dispuesta a contraer matrimonio como princesa heredera por el bien del pueblo de Lote, que sufría debido a los tributos que debían rendir ante el imperio.

Sin embargo, para mí, mi hermana era lo primero.

No podía anteponer los intereses de la nación teniendo ante mis ojos la desgracia de mi propia carne y sangre. Supongo que esa era otra de las razones por las cuales, a pesar de ser la hija mayor, no me había convertido en la princesa heredera.

—Hermana, ¿dónde crees que podrías encontrar un mejor partido que la familia imperial? Los matrimonios en este ámbito son, al fin y al cabo, transacciones políticas. Si perteneces a la realeza, debes priorizar los intereses nacionales por encima de la felicidad individual. Aparte de tener descendencia, no es necesario que le entregues tu corazón al cónyuge.

Joanna respondió con frialdad.

Sin embargo, no llegó a decir que deseaba casarse con el Tercer Príncipe. Aunque solo era una suposición, ella tampoco lo desearía. Probablemente también era una ficha en el tablero de nuestro padre. Aunque tenía más utilidad por ser más competente que yo, en esencia no éramos diferentes.

—Vaya, ¿acaso es usted la princesa de Lote?

Me estremecí ante aquel llamado repentino.

El dueño de la voz era el Tercer Príncipe. Él se apartó con aire relajado entre las mujeres y caminó hacia donde yo estaba, silbando despreocupadamente mientras clavaba su mirada en mí.

Mientras el Tercer Príncipe se acercaba cada vez más, me quedé paralizada. La atención de las princesas que charlaban con él también se concentró en mí.

No estábamos precisamente cerca, así que no esperaba que el Tercer Príncipe me reconociera primero.

—Vaya. Sabes cómo vestir de forma bastante provocativa. Por poco no te reconozco. ¿Por qué has estado ocultando algo tan tentador y hermoso hasta ahora? ¿Acaso querías lucir así de bien para mí hoy?

Nik: Callate, caes mal.

Él me miró descaradamente el pecho mientras se burlaba. Tenía ganas de levantar el dedo y picarle los ojos, pero apreté los dientes y aguanté.

—...Es un honor ver al príncipe, su alteza. Si le parece bien, quisiera presentarle a la princesa heredera del Reino de Lote.

Utilice todas mis fuerzas para levantar las comisuras de los labios. Al sonreír a la fuerza, me dio un leve espasmo en ambas mejillas.

El Tercer Príncipe asintió con aire de satisfacción y examinó de arriba a abajo a Joanna, quien estaba de pie a mi lado, como indicando que se presentará.

—Yo, Joanna, princesa heredera del Reino de Lote, tengo el honor de ver al príncipe por primera vez. Le felicito sinceramente por su vigesimocuarto cumpleaños.

En la postura de Joanna, que inclinó las rodillas para presentar sus respetos, emanaba una elegancia natural.

—Ah, mucho gusto. Me llamo Javier. Vaya, la princesa heredera tiene exactamente el mismo color de ojos que su hermana menor.

Murmuró el Tercer Príncipe, alternando su mirada entre Joanna y yo. Al parecer, me confundía con mi hermana menor Joanna.

—Casualmente yo soy la menor, alteza. Josefina nació once meses antes.

—Ah, ¿de verdad? Como la hermana mayor parecía más joven, me he equivocado.

Ambos intercambiaron una charla trivial y ligera, propia del clima veraniego, durante un rato. No obstante, incluso mientras hablaba con Joanna, el Tercer Príncipe no dejaba de lanzarme miradas de reojo. Era evidente que respondía a los comentarios de Joanna con desinterés.

—Alteza, la pieza de baile comenzará pronto. ¿Qué mujer gozará de la fortuna de ser su primera pareja de baile?

Le preguntó Joanna al Tercer Príncipe. En su mirada se reflejaba una clara expectación.

—Ah, sobre eso, creo que le daremos la oportunidad primero a su hermana.

—...¿Disculpe?

—Dijiste que nació primero, ¿no? Entonces también le corresponde bailar primero. ¿Si?

Respondió mientras me miraba. Su razonamiento resultaba tan extraño que, sin poder evitarlo, fruncí ligeramente el ceño. Por un instante, llegué a pensar que quizá había bebido demasiado alcohol.

El Tercer Príncipe se acercó de improviso y me rodeó la cintura con el brazo. Los músicos de la corte comenzaron a interpretar una pieza de baile como si lo hubieran estado esperando.

Un escalofrío me recorrió donde su brazo había hecho contacto. Se sentía como si una serpiente fría se enroscaba alrededor de mi cintura.

Sentí que se me erizaba el cabello. Algo iba terriblemente mal en aquel momento.

Inesperadamente, había terminado convertida en la primera pareja de baile del Tercer Príncipe.

Él tomó mi mano y apretó su cuerpo contra el mío. Al sentir aquella calidez invasiva y desagradable, me estremecí y lo empujé por los hombros. Sin embargo, él soltó una risa divertida y me estrechó con más fuerza, hasta el punto de que las medallas que pendían de su uniforme militar terminaron clavándose contra mi pecho.

—¿Eres virgen?

La descarada pregunta me dejó completamente sin palabras.

—Les he preguntado a mis hermanos mayores y todos dicen que nadie se ha acostado contigo. Ah, yo trato con sumo cuidado a las vírgenes. ¿Puedo pensar que te has estado reservando para mí todo este tiempo?

—...No, no es así. No, alteza.

Negué desesperadamente con la cabeza. Me sentía como un ratón atrapado en una trampa, sin escapatoria. Habría estado dispuesta a entregarle mi alma al mismísimo diablo si con ello hubiera podido librarme de sus brazos en ese mismo instante.

—¿Dices que no? Cuando termine el banquete, nos vemos en el jardín de las onagras. Tal como deseas, te besaré esos pechos blancos y te abriré el agujero de abajo.

MUAC. Él presionó sus labios contra mi sien. Un escalofrío aún más intenso que el anterior recorrió todo mi cuerpo.

—Quién sabe. Si tu boca de abajo me agrada, tal vez acepte a tu hermana como mi consorte.

Sus palabras obscenas me dieron náuseas. A ese paso, parecía que iba a vomitar en su cara. Aun así, me contuve. Tenía que hacerlo.

Mientras bailábamos, mi piel se tornó pálida, moviéndome mecánicamente, como una marioneta de papel que seguía dócilmente los movimientos del Tercer Príncipe.

En cuanto terminó la canción, me alejé apresuradamente del Tercer Príncipe, como si escapar de él fuera lo único que importaba.

—Bueno, probemos bailar con la hermana menor ahora.

El Tercer Príncipe se tambaleó mientras caminaba hacia Joanna.

Tomé una copa de champaña de las manos de un sirviente que pasaba a mi lado y di un trago. Mis labios resecos se humedecieron por un instante.

Sosteniendo la copa, me fui a un rincón del salón de banquetes para recuperar el aliento. Podía sentir las miradas de los presentes clavadas en mi rostro, pero mi mente estaba completamente en blanco, incapaz de pensar en nada.

En ese momento, alguien familiar se acercó.

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@Baut

Traducir es mi forma de leer dos veces. Leer es mi forma de vivir mil vidas.

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