Las urracas y las golondrinas, que estaban posadas en las ramas cercanas observando, se unieron al ataque.
En un instante, las aves del Palacio Rubí se transformaron en aves rapaces y se abalanzaron sobre los príncipes.
Ante el feroz ataque de las aves, los príncipes agitaron los brazos para defenderse.
«¡Uf, maldita sea! ¡¿Qué son estas aves?! ¡Ah! ¡Ah! ¡Largo!»
«¡Ah! ¡Aves locas! ¿No piensan irse?»
«¡Duele! ¡Duele!»
En poco tiempo, el grupo de príncipes herederos se dio rápidamente la vuelta.
Corrí hacia el lago tras confirmar que habían desaparecido de mi vista.
Arroje el libro que llevaba conmigo a la hierba y salte al lago.
Uf, qué frío. Incluso en pleno verano, el lago estaba tan frío que me dolían las yemas de los dedos.
Batiendo con fuerza sus extremidades, se abrió paso hasta el centro, donde se encontraba el hombre. Fue un alivio saber cómo nadar.
Enseguida le rodeé el cuello con los brazos y corté con fuerza la corriente del agua. En dirección a la sombra del sauce.
Los patos del lago se sumergieron bajo el agua y empujaron con fuerza mi cuerpo.
Ya casi hemos llegado. Cuando la profundidad del agua disminuyó lo suficiente como para que los pies tocaran la tierra, los patos regresaron a su lugar uno por uno.
Fue entonces, el cuello del hombre se deslizó de mi brazo.
«¡Ay!»
De repente, mi cuerpo se elevó en el aire.
No entendía lo que estaba pasando y solo parpadeaba.
Miré a mi alrededor y crucé mi mirada con el hombre. Acababa de sacarme del agua.
El hombre me sujetó por la parte posterior de los hombros y las rodillas, y me dejó con cuidado sobre el pasto bajo la sombra del sauce, luego se acercó y se sentó a mi lado.
¿Como es posible? Se ve muy bien para alguien que casi se ahoga. Fue increíble que él tuviera la fuerza de levantar a una persona.
—Lo siento, ¿está bien?
Pregunte cuidadosamente.
«…»
El hombre se limitó a mirarme fijamente sin decir nada.
Seguramente no entiende el idioma imperial por qué es de otro país.
Aun así, me sentí aliviada, mientras recuperaba el aliento, me aparté el flequillo de la cara.
«Es la primera vez que veo una ceremonia de iniciación como esta».
—¿Ceremonia de iniciación?. El hombre me preguntó con el rostro inexpresivo.
Ah, parece que no le habían informado de antemano sobre la ceremonia de bienvenida.
—Es algo que hacen siempre con los príncipes recién llegados. Pensaba que solo les golpeaban, pero incluso los lanzan al agua, les tiran piedras... Esos desgraciados dejaron de ser humanos».
Cuanto más pensaba en el príncipe heredero y si manada, más me enfadaba, así que apreté los dientes y hablé para mí misma sin darme cuenta.
Al recordar a Tilla, que deambulaba por el pasillo, se me encogió aún más el corazón.
—Bueno, déjame ver si estás herido.
Me acerqué al hombre de rodillas y le examiné el rostro. En primer lugar, su piel estaba limpia, sin moratones ni cortes.
Entonces, nuestras miradas se cruzaron, extendí mi mano inconscientemente, me sobresalté y la retiré rápidamente. Su cabello negro azabache y sus brillantes ojos dorados emanaba una abrumadora aura intimidante.
Esta vez, bajé la cabeza para examinar el cuerpo del hombre. Quizás haya alguna herida alrededor del cuello o en la muñeca.
Su camisa blanca estaba mojada y pegada a su cuerpo. Mostraba su piel bronceada, y no parecía haber ninguna herida.
Por cierto, este hombre parece capaz de usar su fuerza. Sus hombros parecen el doble de anchos que los míos, y sus músculos están muy bien definidos.
«No parece ser alguien al que se le pueda golpear».
También me preguntaba cómo esos príncipes corruptos habían levantado a este hombre. ¿Se unieron los tres y lo lanzaron al lago?
De repente, me di cuenta de que estaba mirando el cuerpo del hombre con demasiada atención, me sentí avergonzada y aclaré mi garganta con fuerza.
—No parece que tengas ninguna lesión. Intenta levantarte.
Me puse de pie y le tendí la mano.
El hombre miró fijamente mi mano y luego se levantó fingiendo sujetarla, tenía las palmas ásperas, quizás por haber empuñado una espada.
—¿En qué pensabas, cuando te tiraste al agua?.
Me preguntó levantando una ceja.
—Alguien estaba a punto de morir. Es lógico que tuviera que hacerlo.
—¿Quién va a morir? Solo estaba refrescándome del calor.
Su tono frío cortó mi explicación.
—¿Qué?
—He vivido en un país frío toda mi vida. No soporto este calor insoportable.
Me quedé mirándolo fijamente.
¿De qué país frío habrá venido? ¿Acaso tu ciudad natal está en el Polo Norte?
—¿No eres tú quien ha estado a punto de morir? Ni siquiera sabes nadar.
El hombre me miró de arriba abajo mientras decía eso.
—… Nadar con las cuatro extremidades, también es un método de supervivencia estricto.
Murmuré, me sentí avergonzada y en apuros. Habría sido difícil si los patos no me hubieran sostenido desde abajo.
Hubo un momento de silencio.
Como yo había sido la que había iniciado la conversación, por cortesía decidí presentarme.
—Soy Josefina, del Reino de Lote. ¿De qué país eres tú?.
—…Saragot.
El hombre pareció dudar un momento y luego respondió.
¿Será el Reino de Saragot el país que conozco? Está al otro lado del océano, en el noreste del continente de magos, hay que viajar en barco durante más de un mes para llegar ahí.
Saragot era conocido como la cuna de la magia. También cuenta con una Torre Mágica, donde se forman magos.
No puedo creer que enviaran a un rehén desde un país así del otro lado del océano. Me di cuenta una vez más de la influencia del Imperio de Tristum.
—Has venido desde muy lejos, ¿verdad?
—Si, el camino hasta aquí ha sido largo. -respondió
El hombre tenía un acento muy natural al hablar el idioma imperial, incluso creería que es nativo del Imperio de Tristum.
Pero este hombre me ha estado tratando de manera informal desde hace un rato.
Por mucho que lo mire, parece de mi edad.
—¿Lo de hace un momento, lo hiciste tú?
—¿A qué te refieres?
Le hablé de manera informal, igual que él. ¿Por qué tengo que ser educada con personas que no se muestran agradecidas aunque se le ayude?
—Los pájaros.
El hombre señaló a las palomas que revoloteaban ruidosamente a mi alrededor.
—… Ja, ja, ja, los pájaros son realmente bondadosos. Seguramente querían ayudar a la persona que se había caído al agua.
Sonreí con torpeza y evité responder con claridad.
Oh, ¿cómo sabías que era yo?
Un sudor frío me resbaló por el cuello. No podía permitir que descubriera que fui yo quien ordenó a los pájaros que atacarán el séquito del príncipe heredero.
—Tengo empapada la ropa y hacé un poco de frío, tengo que entrar pronto a cambiarme. Bueno, que Dios te acompañe el resto del día.
Me despedí apresuradamente del hombre. Justo cuando salí del agua, sentí un escalofrío.
Empecé a correr rápidamente hacia el Palacio Rubí.
Entonces me di cuenta de que se me había olvidado algo.
—¡Ah, claro! El libro que me prestó el sacerdote.
Me detuve y miré hacia atrás. «El cielo y el infierno» estaba abierto en la hierba junto al lago. Casualmente, justo al lado donde estaba el hombre.
Volví a correr a toda prisa, me agaché y recogí el libro.
Huí a toda prisa sin mirar atrás.
En cuanto volví a la habitación, me di un baño y me cambié de ropa.
Me sequé el cabello con una toalla, mientras intenté leer «El cielo y el infierno»…
Al atardecer se vio acompañado de batir de alas, una gran ave se acercó a la ventana.
Esta vez fue Luna, la lechuza.
[¡Hola, Josefina! ¡Hoy tengo noticias especiales!]
La parlanchina Luna siempre traía los chismes del palacio sin que se los pidieran. Dicen que "las paredes tienen oídos", pero la verdad es que los pájaros lo oyen todo, de día y de noche.
[El príncipe más joven ha regresado.]
—¿El príncipe más joven? ¿Hay otro príncipe en este país?
[¡Sí! El príncipe Antonio, el cuarto príncipe. Se enfermó de joven y se fue al extranjero a recibir tratamiento, pero ahora ha vuelto tras terminar sus estudios. No recuerdo el nombre del país… pero está muy lejos.]
—Oh, respondí.
Sentía una gran tristeza. Una persona más que atormentar a los rehenes del Palacio Rubí.
El libro no lograba atraer mi atención. Las páginas eran blancas, las letras negras, nada más.
Cerré el libro y apoyé mi barbilla sobre él.
¿Podría un monasterio aceptar a alguien como yo, procedente del Palacio Rubí?
Leí muchos textos religiosos y la Biblia, pero sinceramente, no tengo una fe sólida.
Aun así, es la única forma de escapar del Palacio Rubí con mi cuerpo y mi mente intactos.
Mis padres me abandonaron aquí, ellos jamás me aceptarían de vuelta y nadie espera que una princesa rehén se case como es debido.
Oh, claro, acabo de recordar algo que debo decirles a los pájaros.
—Luna.
[¿Sí?]
—Díganles a los demás pájaros del palacio que se escondan en otro lugar por un tiempo. Es probable que los príncipes pronto vayan a cazar pájaros con escopetas.
[¡Oh no! Les avisaré enseguida. ¡Adiós!]
Con un fuerte aleteo, Luna desapareció en la noche que se hacía cada vez más profunda.
