Capitulo 4

 

Los traviesos hermanos mayores siguieron siendo los mismos incluso después de crecer.

Lanzar piedras al agua, sobre una persona que ha caído en medio del lago.

Antonio pasó exactamente lo mismo hace 15 años, cuando tenía siete. En aquel entonces, casi había muerto. Pero experimentar lo mismo de nuevo como un adulto era simplemente absurdo.

–Quien dijo que alguien moriría

Antonio se burló, ninguno de los tres era rival para él.

¿Arrojar piedras a alguien que se refresca pacíficamente en el lago? Definitivamente que desperdicio de años.

Recostado en un sofá de terciopelo, Antonio recordó a la mujer que había visto junto al lago.

–Ella dijo que es del Reino de Iote... Debe ser una princesa del Palacio Ruby, donde todos los rehenes viven. Debe haberme confundido con un nuevo príncipe rehén.

Los ojos grandes de la princesa reflejaban una leve compasión. Como si dijera: “Tu destino también es cruel”.

Nunca en su vida recibió una mirada así, así que todo se sentía desconocido.

–Probablemente, no está en una situación mejor. Tal vez ella es ridículamente entrometida.

Antonio extendió su largo brazo hacia la mesa de mármol, junto al sofá, su mano sujeto una pequeña nota.

Esa princesa que había estado huyendo tiempo atrás, se detuvo y regresó corriendo para recoger algo que había olvidado, desapareció tan rápido que ni siquiera pudo ver bien lo que era...

Su forma gruesa y rectangular, daba la apariencia de un libro. Cuando el objeto fue retirado esta nota bien doblada había quedado.

Antonio desdobló la nota.

–Ven al Jardín de Onagras esta noche a las 9 PM. Te esperaré hasta que llegues.

La escritura era educada y pulcra.

Las gruesas cejas de Antonio se levantaron brevemente.

Tiró de la correa que tenía a su lado. El asistente asignado hoy, Evan, entró rápidamente.

–¿Dónde está exactamente el Jardín de Onagras? Ha pasado tanto tiempo desde que he estado en el palacio, no puedo recordarlo.

– ¿Eh? ¿Por qué preguntas por ese lugar..?

Por alguna razón, Evan parecía nervioso.

Antonio se puso de pie y le entregó la nota.

–Una mujer dejó esto.

El reloj de pared apuntaba a las 8:30. Evan leyó la nota y su rostro se palideció instantáneamente.

–Su-Su Alteza... Si puedo ser tan audaz... creo que esto es… una petición de un encuentro secreto.

–¿Una cita secreta? ¿Y qué te hace estar tan seguro de eso? Antonio preguntó en voz baja.

Evan sacó un pañuelo de su bolsillo interior y se secó el sudor de la frente. Su nuevo maestro tenía algo que lo abrumaba con una mirada.

–Ya sabes... se trata de la ubicación... Ese jardín suele ser donde, uh... los amantes en el palacio... se encuentran por la noche para... tener momentos secretos... tácitamente.

Evan murmuró nerviosamente, inseguro de si era apropiado decir algo tan explícito frente a alguien que acababa de conocer hoy.

–Entonces, ¿Es esencialmente acordado como un lugar para que los amantes se escondan y tener sexo?

Antonio entendió la explicación inmediatamente, Evan asintió, rascándose la parte posterior de la cabeza.

Pero Antonio agitó la cabeza. Todavía no estaba convencido por la interpretación de Evan.

–No lo creo, éramos completos desconocidos.

–Bueno, su Alteza es tan sorprendentemente guapo... ¿Tal vez se enamoró de ti a primera vista? Podría haberlo visto desde su llegada esta mañana, esperando el momento adecuado para acercarse.

Evan expuso su teoría, girando su vista. Había presenciado a las sirvientas del palacio desmayándose como seguidoras cuando Antonio hizo su entrada por la puerta principal a caballo.

Mmm...

Antonio observó el reloj de mano colocado en la pared, mientras repetía los acontecimientos de hace seis horas en su mente.

Era una mujer audaz en muchos sentidos.

Sin embargo, no esperaba que ella fuera tan atrevida de esa manera.

–Ella recorrió mi cuerpo con una mirada bastante intensa.

Cuando ella examinó para ver si estaba herido, ella había inspeccionado cuidadosamente su rostro y varias partes de su cuerpo. Sus ojos se habían quedado en sus hombros anchos, musculosos y pecho por más tiempo que en cualquier otro lugar.

– ¿Quieres ir, Su Alteza?

– Ya veremos.

Antonio miró por la ventana con indiferencia. Una luna creciente encendió débilmente el alféizar de las ventanas.

No tenía intención de disfrutar de un coqueteo imprudente con una mujer que acababa de conocer.

Especialmente si rescatarlo por el lago hubiera sido una especie de trampa.

Aun así, hacer que una mujer esperará tan tarde en la noche era un poco grosero.

–Es mejor rechazar con firmeza de frente, para que no se aferre más a ti.

También había algunas cosas que quería preguntarle a la princesa.

“Ese ritual de iniciación” de la que hablan Carlos y su séquito... quiero saber más. Mencionó que golpeaban a los recién llegados príncipes rehenes.

Más que cualquier otra cosa...

Esa mujer parecía... controlar pájaros.

Mientras el príncipe heredero y sus hermanos estaban ocupados lanzando piedras, Antonio había estado disfrutando del lago pacíficamente.

Luego apareció, corriendo detrás de un árbol cerca del lago, observando claramente todo, sus movimientos fueron tan rápidos como los de un conejo, furtivo y rápido.

En algún momento, los pájaros se habían reunido a su alrededor y de repente lanzaron un ataque sincronizado contra los príncipes. Era una escena demasiado perfecta para ser una coincidencia.

–Si realmente puede comunicarse con los pájaros... tal vez entienda por qué mi padre me llamó tan repentinamente.

Según los informes, el emperador había recibido un oráculo divino del templo justo antes de convocar a su hijo menor.

La religión estatal de Tristum veneraba a los búhos como símbolo de sabiduría. Era costumbre tener o mejor dicho venerar uno a dos búhos en cada templo.

Los oráculos fueron tradicionalmente entregados en presencia de búhos, que se cree que son mensajeros divinos.

Tal vez debería intentar dejar que esa princesa se encuentre con el búho. El contrabando de un búho fuera del templo llevaría tiempo, pero podría valer la pena.

Antonio no reflexionó por mucho tiempo.

***

Antonio tomó una lámpara de aceite y se dirigió hacia el Jardín Onagras, despidió con firmeza a Evan a pesar de la insistencia en escoltarlo.

Fue una noche tranquila de verano llena del suave sonido de los grillos. Mientras paseaba por la hierba húmeda y respiraba el aroma fresco, la imagen de la princesa regresó vagamente a su mente.

La forma en que se había escondido detrás de los árboles y se sumergió en el lago... como un nadador experto.

Sus ojos, durante ese breve momento de contacto...

Eran del color del jade con un ligero matiz verde, un color similar al de la elegante porcelana importada del oriente.

Ahora que recordaba el color de sus ojos, otros rasgos se iban aclarando gradualmente.

Sus mejillas, brillantes por las gotas de agua, parecían melocotones recién lavados. Su cabello era de color castaño claro, como un campo de trigo en plena cosecha. Gotas de agua se aferraron a su pequeña barbilla, caían como un rocío sobre su pecho.

Su blusa delgada estaba empapada, aferrándose alrededor de su pecho. Sus senos redondos sutilmente descubiertos, parecían tan blancos, cremosos como la crema batida...

Maldita sea. ¿En qué estoy pensando?

Antonio pasó una mano por su flequillo, sacudiéndose los pensamientos lascivos.

–Aquí debe ser.

Enseguida comprendió por qué el Jardín de Onagras fue utilizado para encuentros secretos. Era una zona como un laberinto, rodeada de densas vides. Entre ellos estaban flores amarillas en forma de campana que florecían tímidamente.

Tampoco estaba lejos del salón de baile del palacio y tenía muchos puntos ciegos. Perfecto para los amantes furtivos.

– ¿Realmente está esperando dentro?

Cubierto por la luz de la luna, el camino de piedra brilló de blanco pálido cuando Antonio entró en el jardín. El camino en el interior se deslizó en espiral hacia adentro, como caminar por la concha de un caracol.

–Ejem. Mm.

De repente, alguien tosió.

Antonio se congeló y se detuvo. Alguien estaba al otro lado de la pared que conducía al patio interior. Pero la tos era áspera y ronca, completamente diferente de la voz de la princesa. Algo se sintió mal.

–¿Debería entrar?

Sacó un reloj de bolsillo de su abrigo. 8:45. Aun 15 minutos antes de la hora prometida.

–Uf. Necesito practicar. Práctica. Ejem... S-Señorita Josefina...

Definitivamente, era la voz de un hombre.

Probablemente, la misma persona que acababa de toser.

El nombre que acababa de decir... ¿No era el nombre de la princesa?

–... ¿Ya estaba ella aquí?

Espera, ¿ella también invitó a otro hombre?

Antonio silenció sus pasos y se adentró a la parte interior del jardín. Entonces, miró silenciosamente a través de las viñas.
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@Baut

Hello soy traductora en mi tiempo libre, amante de la literatura, me facina el arte.

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