Un hombre de mediana edad, vestido con una túnica negra, se encontraba dando vueltas sin descanso.
El hombre estaba solo, murmurando para sí mismo.
—Eh, mi deseó siempre… Tenía muchas ganas de encontrarme contigo a solas.
¿De qué demonios está hablando? Antonio escuchaba con atención.
—La princesa siempre fue sencilla, inteligente y fiel, pero… creo que hay una cosa que aún no entiendes, así que quería decírtelo en persona.
El hombre parecía estar ensayando una conversación con una princesa ficticia.
—Debes entregarlo todo ante Dios para poder entrar en el monasterio. Debes ofrecer plena obediencia, no solo al alma, sino también tú cuerpo ante Dios.
El hombre que hacía un momento tartamudeaba por los nervios se fue expresando con mayor fluidez a medida que ensayaba más y más.
Antonio tuvo un presentimiento hasta ese momento.
Creo que vine al lugar equivocado.
El hombre dentro del jardín murmuraba sin cesar, mientras le invadía un presentimiento ominoso.
—Deshazte de todo lo que hay en el mundo y ofrécelo como sacrificio en plena pureza, Mmm, fiel siervo de Dios, ah, ah, yo, te ayudaré. Ah, no, no puedo, Si no doy un paso atrás, me da la sensación de que no podré hacerlo, si no lo hago por adelantado.
Antonio dudó un momento de su oído. El acaba de decir algo.
¿Qué vas a sacar por adelantado? ¿Qué estás intentando?
El hombre observó alrededor. Aparentemente confirmando su presencia, Antonio se escondió detrás de la pared por un momento.
Quizá llegó a la conclusión de que no había nadie, pero el hombre se desabrochó los pantalones con un movimiento impaciente, un trozo de carne en forma recta salió disparado, el hombre respiraba con dificultad, mientras la sujetaba con fuerza.. Empezó a girar la cabeza.
—Pri, princesa, ah, debes obedecer de a lo divino, considéralo un sacrificio a Dios...
El rostro del hombre se enrojeció de éxtasis, al imaginar su fantasía retorcida.
En un instante la curiosidad de Antonio se desvaneció fríamente, sintió náuseas, su rostro se contrajo de repulsión, algo parecido a una cuerda se rompió en su mente.
“¡Ataca!”
Instintivamente, desenvainó la espada que llevaba en la cintura, gruesas venas brotaron en el dorso de su mano que empuñaba la espada.
Solo el impulso de matar emanaba de él hirviendo como lava.
Antonio sujetó su espada y se abalanzó sobre el hombre al otro lado de la pared. Una energía carmesí, pálpito a lo largo del filo de la espada, fruto de su irá.
—Ehhh, ¡¿Q-Quien?!
El hombre dio un salto y retrocedió ante la inoportuna presencia. Al ver el trozo de carne que se agitaba al compás de sus movimientos, Antonio se sintió invadido por un profundo asco.
—No necesitás saber quién soy, te asesinaré aquí mismo.
Ya sea por tu intento de volación o del simple acto de profanar mi vista, de cualquier forma deberías morir.
La espada de Antonio cortó el aire con una fuerte ráfaga de viento.
Algo fue cortado limpiamente con un silbido.
Era una túnica que el hombre llevaba puesto en la cabeza.
Un hilo de razón logró reprimir el impulso de Antonio.
—Eh, hhhh, por favor, sálvame.
El hombre, cuyo rostro era claramente visible, se encontraba postrado a los pies de Antonio y suplicaba por su vida.
“Ja… cometer un asesinato el primer día de mi regresó al palacio será problemático.”
Antonio levantó las comisuras de la boca con frialdad y pisoteó violentamente sus hombros con sus zapatos.
—¡Argh!
El hombre gritó retorciéndose de dolor.
—Entonces, haré que supliques que te hubiera matado antes.
—Oh, Dios mío.
Algo metálico brillaba alrededor del cuello del hombre, parecía un collar. Antonio acercó la punta de la espada al colgante en su cuello, tenía forma de triángulo invertido, símbolo del templo.
¿Era un sacerdote? No paraba de decir tonterías sobre dioses y sacrificios.
Bueno, un templo no es gran cosa. Que un sacerdote de rango medio muriera, no supondrá ningún problema en particular
A la mañana siguiente.
En el jardín de la Onagra, se encontró a un sacerdote cubierto de sangre, apenas le quedaba un hilo de vida.
***
Me desperté rápidamente al escuchar disparos a primera hora de la mañana.
—¿¡Dónde diablos se han ido todos estos malditos pájaros?!
—¡Malditas criaturas!, ¡muéstrense! ¡En cuanto las vea, estarán muertas!
Rápidamente corrí hacia la ventana. El segundo príncipe José y el tercer príncipe Javier disparaban furiosos al aire, desahogando su ira.
Parece que intentaban vengarse de los pájaros que los atacaron ayer saliendo de caza.
No se veía ningún pájaro cerca de mi ventana. Cuando los dos príncipes desaparecieron hacia el jardín trasero, solté un silbido agudo.
Sin respuesta.
Bien. Luna, la lechuza, debió haberles transmitido el mensaje de evacuación a los demás pájaros.
Aliviada, me puse mis zapatillas desgastadas.
«Toc, toc»
—Aquí tiene agua para lavarse, princesa.
Jane, la criada, llegó justo a tiempo. Abrí la puerta y le quité el lavabo de madera.
—Gracias, Jane.
Pero había algo tirado en la puerta que no reconocí.
Era una bolsita del tamaño de mi mano.
Coloqué el recipiente dentro y tomé la bolsita, estaba bastante llena, desaté las cuerdas y miré dentro; había unos diez caramelos. A juzgar por el olor a medicina, probablemente estaban destinados a comerse con la medicina herbal.
Debió haber sido de Tilla.
Quizás fue una muestra de agradecimiento por haberla ayudado ayer en las escaleras.
Tras cinco años viviendo con ella, llegué a conocerla bien. Puede parecer de carácter difícil por fuera, pero es del tipo de persona que no puede vivir consigo misma, al estar en deuda con alguien.
Metí la bolsa de caramelos en el fondo del cajón de mi escritorio. Después de lavarme y cambiarme de ropa, empaqué el Cielo y el Infierno.
Es posible que el príncipe heredero vuelva a visitar la habitación de Tilla hoy. Mejor irse temprano.
Así que salí del Palacio Rubí a primera hora de la mañana, pero…
—Josefina de Iote, ¿puedes venir un momento?
Lo único que podía ver era su pecho; era así de alto. Incliné el cuello hacia atrás hasta que me dolió y finalmente vi su rostro familiar.
El príncipe de cabello negro que se había lanzado al lago para refrescarse. El nuevo príncipe rehén procedente de la lejana Saragot.
—Buenos días —dije con torpeza.
—No exactamente. ¿No tienes algo que decirme?
El príncipe me tendió de repente un pequeño papel y lo agitó delante de mis ojos.
—Anoche me encontré con algo inesperado. Creo que merezco una explicación.
Sus ojos inyectados en sangre me miraban fijamente.
Quizás fue la forma en que agitó la nota con demasiada fuerza, pero ni siquiera pude leer bien el contenido. Aunque no importaba. Algo más me había llamado la atención.
La mano del príncipe estaba empapada en sangre.
—¡Ay! ¿Qué le pasó a tu mano?!
—…Vayamos a un lugar más privado.
Miró a su alrededor y luego me condujo hacia el lago en el jardín trasero. Probablemente era demasiado arriesgado tener esta conversación en la entrada del palacio.
Lo seguí, observando su ancha espalda, pensando: seguro que se ha metido en otro lío.
Cuando llegamos a los sauces junto al lago, se giró de repente. Sus ojos se encontraron con los míos y sentí un nudo en el estómago. Eran tan fríos y penetrantes como el hielo.
Aun así, no pude evitar preocuparme por sus heridas.
—¿Acaso fue culpa del grupo del príncipe heredero?
Le pregunté en voz baja, por si alguien pudiera oírnos.
Mmm. Ahora que lo miro con atención, no parece que le hayan pegado; su cara y su cuerpo estaban bien, solo sus puños estaban hechos un desastre.
Fue entonces cuando lo entendí.
Él no había sido golpeado, él había sido quien golpeó.
Agarré con fuerza el borde de su camisa y tiré de él.
—¡Espera! ¿Te vengaste? ¿Estás loco? ¿Crees que puedes golpear a la realeza y salirte con la tuya?
Mientras lanzaba preguntas. Él simplemente me miró como si yo fuera la persona más tonta del mundo.
Con un profundo suspiro, colocó la nota con delicadeza en mi mano.
¿Qué demonios es esto?
Me costó mucho desplegar la nota y leerla.
—¿Eh? ¿Por qué tienes esto?
Estaba completamente confundida. ¿Cómo terminó esto en sus manos?
—Se cayó de las cosas que dejaste ayer a la orilla del lago.
—¡Ah, claro! Lo olvidé por completo. Lo devolví porque pensé que no era para mí.
—…Entonces, ¿estás diciendo que no fue intencional?
El príncipe murmuró con tono burlón. Parecía mucho más irritable que ayer, aunque no entendía muy bien por qué.
